Sergio Calderón Acevedo
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Sergio Calderón Acevedo
Opinión
POR:
Sergio Calderón Acevedo
julio 10 de 2016
2016-07-10 05:18 p.m.
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Las exportaciones siguen cayendo a tasas de doble dígito, igual que la inversión extranjera. Las divisas necesarias para pagar la deuda externa y para importar las materias primas y los bienes de capital que necesita nuestra industria, sin menguar las reservas internacionales, son cada vez más escasas y más costosas. La situación se ha tornado estructural y representa la mayor amenaza para la estabilidad macroeconómica y para la calificación de riesgo del país.

En este escenario, preocupa mucho que la titular de la cartera de Comercio e Industria declare que las cosas están mejorando porque “el descenso de las exportaciones empezó a ser menos acentuado”. Es como decir que la seguridad ha mejorado porque en los atracos ya solo dan dos puñaladas, y no cuatro.

Hay una crisis en la balanza de pagos y hay que atacarla como tal, no sentándose pasivamente a esperar que el paciente se recupere solo. Dejar que ‘salga la gripa’ no es la solución real, aunque sí parece ser la que se está aplicando.

Nuestras exportaciones siguen cayendo porque no son competitivas, y la competitividad no está en el tipo de cambio. Eso es lo que parece no ser entendido en el Ministerio.

La competitividad está en la productividad, en la baja inflación, en los tributos moderados, en la infraestructura, en los estímulos adecuados, en la estabilidad jurídica y en el liderazgo. Ninguno de estos elementos está siendo atendido correctamente. Y la inversión extranjera dejó de llegar por las mismas razones. Para que a los extranjeros les parezca atractivo venir a Colombia se requiere lo mismo que piden los nacionales.

En menos de un año, la inflación se triplicó. Este fenómeno roba competitividad. Obliga al incremento de salarios. Fuerza incrementos en los costos de producción. Conduce al Emisor a incrementar las tasas de interés hasta niveles que inducen la recesión, y nos atrapa en el ciclo vicioso del atraso. El Gobierno debe empezar a poner de su parte en la lucha contra la inflación.

Aunque el Presidente haya dicho que el fracaso del proceso de paz implicaría subir impuestos para continuar la guerra, ahora su Ministra de Trabajo ha dicho que el posconflicto cuesta y que por eso hay que subir impuestos. Porque sí y porque no. Lo cierto es que seguiremos subiendo en el escalafón de los impuestos más altos del mundo. Y eso también roba competitividad.

El país ha olvidado la receta que nos conduce al crecimiento de la competitividad: fomentar la inversión productiva, no gravarla; moderación en el gasto púbico, menos mermelada; bajar impuestos, mejorando el control a la evasión y penalizándola; otorgar estímulos a la creación de empresas en regiones de fácil acceso a los mercados internacionales, junto a nuestros puertos, no 2.600 metros más cerca de las estrellas; mejorar la infraestructura y dejar el pretexto facilista de que nuestra topografía es muy complicada.

Tal vez sería bueno que examinaran los casos del túnel de Gotthard o el del canal de la Mancha. También se necesita facilitar a las pymes el acceso al crédito para que exporten más. Hay que devolverle a Bancoldex, por ejemplo, su vocación de promoción exportadora y dejar de colgarles la solución a todas las otras crisis.

La lista es larga. Y para entenderla y atenderla se requieren técnicos en el tema, no profesionales en mercadeo con afanes mediáticos.

Sergio Calderón Acevedo
Economista
sercalder@gmail.com

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