Hace ya más de veinticinco años hice un viaje por los Llanos Orientales. Parte del objetivo era conocer los proyectos que se desarrollaban en Gaviotas y Carimagua, con la colaboración de la Cooperación Internacional.
Por eso, me pareció digno de aplauso cuando el Gobierno Nacional, a principios del año 2006, presentó en Tokio ante la comunidad internacional el megaproyecto de recuperación de la Orinoquía. La página web de la Presidencia informaba: "Frente a los desafíos que enfrenta el planeta por la escasez de agua y el deterioro de los suelos de uso agrícola, el Gobierno de Colombia, bajo la inspiración directa y el liderazgo personal del presidente Álvaro Uribe Vélez, y la dirección del Ministro de Agricultura y Desarrollo Rural, (...) presentará la próxima semana en Tokio a consideración de la comunidad internacional y de sus sectores públicos y privados, el más importante megaproyecto de recuperación de bosque tropical húmedo del mundo".
Señalaban, entre otras experiencias exitosas como las de "Carimagua y La Libertad, dos granjas experimentales del Gobierno dedicadas a la investigación y la transferencia de tecnología agropecuaria, donde" (...) se "ha conformado un importante banco de germoplasma".
Mencionaban también los proyectos a futuro: "En Carimagua el Gobierno posee además 15 mil hectáreas aptas para la explotación agrícola y ganadera, donde en breve emprenderá, con dicha base productiva, otro asentamiento humano de al menos 500 familias campesinas. Este asentamiento se sumará al de las 200 que habitan y trabajan en Gaviotas, a quienes se les asignará la propiedad de la tierra dentro del marco de la actual política de reforma agraria del Gobierno de Colombia".
Las organizaciones empresariales colaborarían con tan noble propósito: "Varias organizaciones empresariales han manifestado su disposición para desempeñar el papel de operadores, o para participar en calidad de socios integradores, en los proyectos de palma de los agricultores grandes, medianos y pequeños, que se vinculen al renacimiento de la Orinoquia".
Ahora resulta que no. Que nada era cierto. Que esos terrenos serán otorgados en comodato por cincuenta años a grandes inversionistas de los cuales aún no sabemos el origen de sus fortunas. Parte de las utilidades que se generen serían utilizadas en satisfacer las necesidades de los desplazados. ¿Qué pensarán de todo esto la cooperación internacional, las familias campesinas que ya no serán propietarias, sino asalariadas, jornaleras o rastrojeras (en palabras de altos funcionarios del Gobierno)? ¿Se sentirán engañadas? ¿Ustedes, se sienten defraudados?
Y, es que lo que ocurre no es de poca monta. A los reiterados y apresurados esfuerzos de privatización de las electrificadoras regionales se suma este fallido intento de uso, por lo menos sospechoso, del patrimonio público. ¿La junta directiva del Incoder y el actual Ministro de Agricultura no tienen responsabilidades legales y políticas en este infundio? ¿Será que ya nadie sabe conjugar el verbo renunciar?
Publicidad