Con este título Caracol y Semana realizaron un excelente documental para rescatar la memoria nacional de los últimos 25 años, poniendo en contexto los procesos históricos más importantes que ha vivido Colombia en esta convulsionada época. El documental sirve para hacer reflexiones de diferente orden.
En primer lugar, para preguntarnos ¿qué es la historia? y recordar que con este título publicó E. H. Carr en 1961, un libro que empezaba por hacer una distinción entre la historia y la crónica.
Mientras que la primera era un intento de comprender e interpretar el pasado, de explicar las causas y los orígenes de la cosas en términos inteligibles, la segunda era apenas la relación de hechos sin tratar de establecer ninguna relación entre ellos.
Los hechos se convertían en históricos cuando eran tomados por el historiador como parte del argumento y eran importantes en la medida que ayudaban a adelantar investigaciones que le permitieran comprender el presente y a modelar el futuro. Estos planteamientos tuvieron un eco importante en los años siguientes.
Los historiadores, ayudados por instrumentos como el computador y el Internet, orientaron sus trabajos en este sentido. El dramático colapso del comunismo y el surgimiento del pensamiento único redujeron las investigaciones históricas, porque se llegó a pensar que no eran necesarias, porque la historia tenía una única dirección y un único propósito. En esta forma, la idea de que la historia se podía probar por métodos científicos fue refutada por los hechos.
Sin embargo, ante la crisis de la globalización y la de su concepción como un fenómeno sincronizado, ha surgido lo que se conoce como la historia cultural, que se preocupa por la gente, sobre lo oscuro de la historia, los perdedores y transeúntes en el proceso histórico. Para esta nueva difusión de la historia se han utilizado medios nuevos como son el cine y la televisión. Lo que es sorprendente es que en estos programas históricos se atienden a los hechos, no solo porque los preparan investigadores serios de la historia, sino que en muchos casos son presentados por historiadores que se ponen al frente de las cámaras. El documental que estamos comentando reúne estas virtudes y es una manera novedosa de hacer historia.
El otro aspecto que vale la pena destacar, y que surge del documental, es cómo Colombia en este cuarto de siglo ha podido sobrevivir y, es más, progresar, a pesar de tanta barbarie, desolación y caos. Igualmente, plantea el interrogante de qué tendrían que hacer los colombianos para salir de esta encrucijada.
Los hechos históricos presentados en el documental deberían servir para comprender mejor el presente y modelar el futuro, los cuales, aunados a la extraordinaria marcha contra las Farc de la semana pasada, ciertamente deben convertirse en un poderoso instrumento para la construcción de una nueva identidad nacional, que permita lograr una mejor inserción del país en el mundo globalizado del siglo XXI. Es hacia la historia y el patrimonio nacional a donde los colombianos tienen que mirar para no repetir el pasado.
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