Proexpo se creó en 1967 como un banco de fomento para promover las exportaciones mediante el financiamiento, la promoción y el transporte de las mismas. Se financiaba con una sobretasa del 6,5 por ciento del valor CIF de las importaciones. Desde su creación, hasta 1992, cumplió una importante labor para promover las exportaciones no tradicionales de bienes y servicios, la construcción de los centros de convenciones en Bogotá, Cartagena y Paipa y la inversión en importantes empresas como Carbocol y Conastil. Inició la promoción externa con la apertura de oficinas comerciales, ferias y misiones especializadas.
En 1992, con base en las ideas imperantes en ese momento de que el Estado era un mal administrador y que debía deshacerse de los bancos de fomento, se escindió Proexpo en tres entidades. La parte de financiamiento quedó a cargo del Banco de Comercio Exterior (Bancóldex); la parte de promoción y transporte, de Proexport, y se creó la Fiduciaria Colombiana de Comercio Exterior (Fiducoldex). La idea era que Bancóldex debería pasar al sector privado y que para que fuera atractiva su venta, debía deshacerse de aquellas actividades que arrojaban pérdida, como la promoción, y por eso se creó a Proexport. Pero como también la filosofía económica imperante en ese momento era que había que terminar con las contribuciones de destinación específica, se abolió la sobretasa a las importaciones y se estableció que estas entidades no iban a recibir recursos del presupuesto nacional. Por eso, con las utilidades de Proexpo se creó un fondo fiduciario para que Proexport adelantara sus funciones, cuya administración quedó a cargo de Fiducoldex.
En estos 15 años, Proexport ha adelantado una labor que no se limita a la exportación de bienes y servicios, sino también a la promoción internacional del turismo y de la inversión extranjera, como fuentes muy importantes de divisas. En estos tres sectores se han logrado avances interesantes gracias a su modelo de atención, el cual involucra a la entidad de manera completa con el proceso del empresario exportador, comprador, inversionista, operador y mayorista turístico.
A pesar de los avances alcanzados, no se ha logrado una diversificación de la oferta exportable, prácticamente seguimos produciendo lo mismo de hace treinta años y las exportaciones de productos de media y alta tecnología apenas llega al 18 por ciento. Para dar el gran salto se requiere, como lo han sostenido las mismas autoridades de Proexport, que las exportaciones se orienten hacia productos diferenciados, de mayor valor agregado y con nichos definidos en los mercados competidos. Sin embargo, este esfuerzo no depende de Proexport, pues al fin y al cabo la entidad esta al final del proceso exportador, sino del mejoramiento de las políticas de competitividad y productividad. Ahí está el gran reto. Proexport debería, de otra aparte, pensar en promover, no solamente la exportación de bienes finales, sino las exportaciones intraindustria, que se componen de partes de un mismo proceso industrial. Finalmente, hay que ver cómo va a seguir operando Proexport, porque los recursos del fideicomiso se acaban el año entrante. ¿Habría que buscarle recursos ordinarios del presupuesto nacional o pensar en una nueva contribución de destinación específica, como hoy se ha establecido para otros sectores?
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