Hoy marcharé por la memoria de Chucho Bejarano, Jaime Garzón, Silvia Duzán, Luis Carlos Galán, Bernardo Jaramillo, Jaime Pardo Leal, Gilberto Echeverry y tantos otros amigos, conocidos y desconocidos que fueron asesinados absurda e injustamente por criminales de grupos de diferente denominación.
Y también caminaré por la tolerancia, la reconciliación y la paz. Y porque cese el odio, el odio que aún vive en el alma de tantas personas que deben darse cuenta que la Guerra Fría terminó; que el mundo ya no se divide entre buenos y malos, siendo buenos los capitalistas y amigos del orden y malos los comunistas, mamertos o izquierdistas; o al revés, los buenos los que tienen un discurso social y malos el resto de burgueses. El solo hablar de estas categorías es ya un anacronismo. Es como revivir la era de los dinosaurios.
Caminaré para reafirmar mi libertad. La libertad de vivir en una democracia como esta, que no juzga las ideas, sino los métodos por los cuales se defienden. Cualquiera puede tener propuestas iguales que la guerrilla o los paramilitares. Eso no le importa a la democracia. Lo que hace la diferencia es cómo las defienden: matando o buscando votos; secuestrando o escribiendo columnas; poniendo bombas o dando discursos.
Debo decir que leer a José Obdulio Gaviria, Plinio Apuleyo Mendoza y Rafael Nieto también me animó a salir hoy a marchar.
La democracia es por supuesto el gobierno de las mayorías y el respeto a las minorías. Pero tiene otro pilar fundamental que la sostiene: todas las ideas de sociedad son válidas, incluso aquellas que pregonan que hay que cambiar la democracia por otro sistema: socialista, comunista o monárquico. En la democracia no son subversivas las ideas; lo son los métodos criminales para respaldarlas.
La Constitución y la ley marcan esos límites. Mis derechos van hasta donde empiezan los de mi vecino. Y hay derechos, pero también deberes. Idea simple y poderosa. Por eso Fukuyama luego del desplome del campo socialista llamó a la democracia el fin de la historia. La última frontera del pensamiento político y el desarrollo institucional creado por el hombre.
Y tiene razón, porque al interior de la democracia pueden convivir todas las ideologías, todas las religiones, todas las creencias filosóficas. Pero una sola actitud: tolerancia y respeto por los otros.
León Valencia en reciente columna en el periódico El Tiempo puso las cosas en su sitio. Dijo que lo que le falta a este país son una izquierda y una derecha civilistas, que dejen de combinar las formas de lucha. Esa es la paz. Claro y contundente. Los unos que renieguen y dejen sola a la guerrilla. Y los otros a los paramilitares. Y todos a trabajar por Colombia.
Por eso, saldré a marchar hoy de la misma forma que lo hice el 4 de febrero: para rechazar toda forma de violencia en la política, venga de civiles o de agentes del Estado. Y ojo: señalar a los servidores públicos corruptos y descarriados no es cuestionar a las Fuerzas Armadas que están hechas de héroes, patriotas y hombres y mujeres honestos. Señalarlos es ayudar a esas instituciones a que cumplan a cabalidad su misión.
También marcharé por la liberación de todos los secuestrados; porque las Farc los entreguen de forma inmediata y sin condiciones; y si no es posible, por el Acuerdo Humanitario y el despeje; y porque se reanuden las conversaciones de paz con el Eln. La de hoy es una marcha positiva para Colombia. Marcharé esperando encontrarme a Gaviria, Mendoza y Nieto.
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