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Miercoles 15 de Febrero de 2012

El lenguaje diplomático

No se puede negar; con marcado alborozo y como un hálito de tranquilidad la opinión pública nacional recibió el mensaje que la grave crisis surgida entre los países del área había sido superada y los riesgos de su desbordamiento controlados. Gracias al lenguaje diplomático utilizado en el encuentro de presidentes en Santo Domingo se obró el milagro.

Para quienes las cuestiones de la diplomacia no hacen parte del diario trajinar, nos cuesta mucho trabajo entender el lenguaje aderezado y melifluo que utilizan las gentes duchas en estos menesteres. Haciendo caso omiso del hecho evidente que el diplomático es aquella persona que tiene un trato muy correcto con las personas y sabe decir las cosas sin molestarlas, solemos caer en el error de desestimar los aportes que a la convivencia de los seres humanos brinda ese modo de actuar y de hablar. Y para la muestra un botón: después de lanzar los más duros ataques a la persona y a las actuaciones del presidente Uribe -gracias debemos dar al Altísimo que no se le voló la que sabemos-, los actores de la tragicomedia de características muy tropicales cambiaron la entonación y el contenido del discurso y con ello se logró limar las asperezas y pasar a segundo plano los sinsabores de los días anteriores e, inclusive, los de las horas de la mañana, cuando el señor Correa le soltó en su cara a nuestro Primer Mandatario las más violentas acusaciones y las más descomedidas referencias a la persona que encarna la dignidad de los colombianos.

A pesar de los buenos resultados alcanzados en la reunión, dirigida con gran acierto por el Presidente de República Dominicana, quien aprovechó bien las oportunidades que le brindaron los feroces contendientes, en particular el impredecible señor Chávez, no alcanzamos los neófitos en cuestiones diplomáticas a explicarnos cómo un ser humano, lleno de ira y de odio, puede pasar, de repente y por obra y gracia del lenguaje, a un estado de sosiego y de serena compresión de los problemas. ¿De la rabia a la razón¿, el titular con el cual El Tiempo encabezó la nota editorial del domingo, es una expresión bastante afortunada, pues recoge de manera sucinta el final del espectáculo equiparable a el más emocionante de los partidos de cualquier mundial de balón pie -no sé si por causa del desempleo o por razones más elevadas, los televidentes se multiplicaron por miles.

Sin querer aparecer como un agua fiestas, pero preocupado por el fenómeno descrito, le pido rendidamente a los científicos sociales que con tanto ahínco estudian el comportamiento de los seres humanos, que por favor nos expliquen el comportamiento de estos personajes que, después de calificar de mafioso y narco a su interlocutor, terminan dándose un apretón de manos y dibujando en sus rostros una cierta sonrisa. Claro que de esto último se debe excluir al poco cordial presidente de los ecuatorianos, quien en una actitud desobligante miró con rabia y rencor a Uribe, en el momento de cumplir el protocolo propuesto por Fernández.

Transitar del calor al frío sin pestañear es cuestión complicada, pues los períodos de adaptación al nuevo ambiente hay que respetarlos. Como no creo en milagros, y profunda desconfianza abrigo sobre los dos protagonistas principales del incidente, creo que habrá que hacerle un cuidadoso seguimiento al curso de los acontecimientos para ver qué pasa con las relaciones y cómo se cumplen las promesas y los compromisos adquiridos en el encuentro. Siguiendo las reflexiones del editorial citado antes, vale repetir que "no deja de ser una paradoja que una de las más graves crisis del sistema interamericano la haya producido el esfuerzo de un país por defender su democracia y su derecho a la seguridad".

Publicación
portafolio.co
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
12 de marzo de 2008
Autor
Gabriel Rosas Vega - Ex ministro de Agricultura

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