Ahora el diminuto principado alpino está de nuevo en dificultades, acusado de ser refugio de los evasores de impuestos en Europa.
Este bastión de refinamiento volvió al centro de la atención cuando investigadores alemanes adujeron que cientos de alemanes acaudalados han invertido su dinero en cuentas de fideicomiso abiertas en Liechtenstein, amparándose en las leyes sobre secreto bancario para evitar pagar impuestos en Alemania.
Los servicios financieros han sido un factor clave en la transformación que trajo riqueza al principado de habla alemana cuyo ingreso per cápita de 102.000 dólares lo coloca entre los países más ricos de Europa.
Angel Gurria, secretario general de la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (OCED), con sede en París, dijo que la cuestión básica es cómo lidiar con países cuyo secreto bancario les permite beneficiarse con la evasión impositiva en que incurren los residentes de otras naciones.
En Liechtenstein, el sector financiero se ha ido desarrollando a partir de los años 20 por medio de estrechos vínculos con Suiza, otro país cuyo secreto bancario ha atraído fortunas de todo el mundo.
La OCED dijo recientemente que Liechtenstein estaba entre apenas tres países incluidos todavía en su lista negra de "paraísos impositivos", junto con Andorra y Mónaco.
Los bancos y otros servicios financieros van directamente al corazón de la economía de Liechtenstein, suministrando el 14,3 por ciento de la fuerza laboral y el 30 por ciento del producto bruto interno de 3.900 millones de dólares. La familia real es propietaria del mayor banco del país.
El gobierno de Liechtenstein dijo que prepara una reforma de las leyes que regulan dichas cuentas, pero advirtió que los cambios están en planificación desde el 2001 y que no tienen nada que ver con las recientes quejas de Berlín.
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