La de Bavaria, que en años anteriores prácticamente hacía colapsar el sector de la Calle 94 con carrera octava en Bogotá, esta vez se realizó con total calma en el 'pub' de la sede de la cervecera, muy puntual desde las 8 de la mañana hasta pasadas las tres de la tarde, con unas 40 personas, entre directivos y socios mayoritarios y minoritarios.
"Anteriormente, nos reuníamos afuera, en carpas y participábamos unas 200 personas. Ahora vea esto: poca gente, mucha calma; pero eso sí, a los minoritarios nos siguen escuchando y respetando", dijo uno de los pequeños socios que aun hace parte de la empresa, y que hace parte del pequeño paquete de 2.000 acciones, no incluidas dentro del 99 por ciento del total que domina SABMiller.
Por esta razón, la asamblea se realizó por primera vez a puerta cerrada. Y en este encuentro pirvado la buena atención reinó. Una mesa con café, aguas, aromáticas, pasabocas, ponqués, empanadas, crepes, queso y jamón fue el punto de encuentro de conocidos y desconocidos que por segundos compartieron allí sus comentarios sobre los balances y estados financieros.
Durante las siete horas, quienes más pidieron explicaciones fueron precísamente los minoritarios. Sin embargo, Karl Lipper, presidente de la compañía que completó su tercera asamblea, nunca tuvo reparo en aclararles todo, apoyado por Fernando Jaramillo, vicepresidente de Asuntos Coporativos, quien hizo las veces de traductor.
En la de Paz del Río sobraron tinto y pasabocas
La asamblea de accionistas de Acerías Paz del Río apenas duró unos 25 minutos, la mitad de lo del 2007.
Y es que la reunión anual de socios de la siderúrgica estuvo desolada. Tanto que sobraron los obsequios y la comida que las directivas habían preparado para atender a los periodistas, pues varios no atendieron la invitación.
Aunque Paz del Río tiene cerca de 411.000 socios, tan solo 70.000 menos que Ecopetrol, muchos nos asisten a las asambleas, porque no han hecho las sucesiones de las acciones o simplemente no saben que las tienen.
También los trabajadores, que controlaban la empresa, decidieron venderle el año pasado sus títulos en una puja al grupo brasileño Votorantim, por 490 millones de dólares.
Otrora asistían a la cita representantes en nombre de trabajadores y pensionados, pero esta vez brillaron por su ausencia y solo llegaron 35 personas, entre ellas un representante de la distribuidora de productos G&J, tras cuya adquisición anda Acerías Paz del Río.
Aún así el quórum deliberatorio de la asamblea de la siderúrgica fue cercano a otras épocas, 70 por ciento. En la centenaria edificación del centro de Bogotá donde quedaba la sede administrativa apenas está un piso ocupado de los cinco que tenía la empresa. Precisamente, es el de atención a los accionistas.
Sin embargo, este año debe terminar el trasteo final de todas las dependencias de Paz del Río a una moderna sede en el norte de Bogotá, por lo que los pisos serán vendidos generándole una ganancia extra a la empresa.
"No es que al nuevo dueño no le guste el centro de la ciudad, es que ahora el trabajo administrativo requiere espacios más abiertos, sin barreras y puertas entre el personal, lo que se dificulta en instalaciones antiguas", dice el vicepresidente ejecutivo de Paz del Río, Wilson Danhoni Moraes.
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