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Miercoles 15 de Febrero de 2012

Lleras Restrepo

Decía Carlyle que "la historia es la biografía de los grandes hombres", frase plenamente aplicable, en el caso colombiano, a Carlos Lleras Restrepo. La historia del país en el siglo XX esta ligada a este hombre excepcional, cuya vida quedó recogida no solo por sus memorias, que escribió con el atractivo nombre, de Crónica de mi propia vida, sino por su larga y fecunda gestión pública. La biografía, rechazada durante mucho tiempo por las escuelas historiográficas, se considera ahora como uno de los mejores métodos para mostrar las conexiones entre pasado y presente, memoria y proyecto, individuo y sociedad.

Como lo comentaba Alberto Lleras, la prodigiosa actividad vital de Lleras Restrepo consiguió que sus memorias se hayan constituido en la más notable historia de la Colombia contemporánea. Es una obra eminentemente objetiva, sin consideraciones personales de ninguna clase, que muestra su interés para lograr una sociedad más justa e igualitaria a través de un desarrollo endógeno, pero sin perder de vista su proyección internacional. La escasez crónica de divisas y el atraso del país en todos los órdenes lo orientaron aplicar, ya como Presidente de la República, políticas de control de cambios e importaciones, así como a fomentar el desarrollo industrial y las exportaciones a través de políticas sectoriales activas. Para lograr una mayor inserción del país en la economía mundial combinó la política de sustitución de importaciones con el fomento de las exportaciones, cuyo fortalecimiento consideró esencial para poder abrir la economía. Mantuvo, como gobernante, una posición firme ante los organismos financieros internacionales y no aceptó la propuesta del FMI para una devaluación acelerada, que en su concepto podría traer más perjuicios que beneficios al país.

Coincidió el final de su vida con el proceso de globalización, que permitió abrir la economía y apoyarse en el comercio internacional como la alternativa salvadora de los problemas de pobreza y atraso. Se pensó, en los 90, inspirándose en lo político, en las ideas de Francis Fukuyama, que había llegado con la caída del comunismo el fin de la historia y que se entraba en una etapa de prosperidad con un régimen hegemónico y definitivo, basado también en las libertades económicas que planteaba el Consenso de Washington. La realidad, como lo ha sostenido el ex presidente César Gaviria, ha sido mucho más compleja y por eso, los resultados no fueron tan promisorios. El modelo de apertura de los 90 era apenas el punto de partida, pero no de llegada. Faltó complementarlo, entre otras cosas, con los aspectos sociales.

La nueva historia económica y política del mundo se fundamenta hoy, al inicio del siglo XXI, en un debate de renovación más que en la consolidación de un pretendido contexto ideológico hegemónico. El proceso de globalización no es hoy sincrónico, con base en el monopolio de las ideas de los países desarrollados, sino asincrónico, porque bebe también sus fuentes en las realidades de los países en desarrollo. Esto fue lo que el doctor Lleras identificó, si bien con otras palabras, como centro y periferia, y sigue siendo el eje del equilibrio de las relaciones internacionales. Ese debate de renovación -la transformación nacional como él lo llamó- fue lo que le propuso al país y es el que le seguiría proponiendo, no para regresar al pasado, sino para buscar nuevas formas de inserción en la economía mundial teniendo en cuenta las realidades de la sociedad de la información y del conocimiento. 

Publicación
portafolio.co
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
6 de abril de 2008
Autor
Manuel José Cárdenas Consultor internacional

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