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Martes 14 de Febrero de 2012

Comercio, derechos y responsos

El proceso de aprobación del TLC está bastante agitado. Mientras el presidente norteamericano le pide a la senadora Pelosi que señale una fecha para votarlo y que lo descongele porque si no se muere, los sindicatos lanzan acusaciones y algunos senadores cuestionan el comportamiento del gobierno Uribe.

Los argumentos del presidente Bush no son muy convincentes.

Que el TLC sea un asunto de seguridad nacional para los Estados Unidos no se ve claro. ¿Quiere insinuar una relación entre debilidad del comercio y el aumento de los grupos guerrilleros o de la violencia en su mejor aliado y a su vez que la inseguridad en Colombia afecta la seguridad de su país? No tiene lógica ese razonamiento. El argumento de dejar colgado de la brocha a su fiel amigo no conmueve a un congreso de oposición que está mirando más hacia adentro que hacia fuera. Lo que sí llama la atención es que ya reconoce que el Tratado es de doble vía y que el mercado colombiano va a quedar sin aranceles para los productos norteamericanos, lo que en una economía en desaceleración es una excelente oportunidad para defenderse.

Los sindicatos en respuesta se vinieron con todo. El presidente del poderoso AFL-CIO, John Sweeney, en un artículo publicado el lunes en The Washington Post pide la no aprobación del Tratado, mientras no se aclaren algunos crímenes de sindicalistas y mientras se siga señalando como simpatizantes de la guerrilla a líderes obreros o activistas de los derechos humanos por sus opiniones. Más de 60 congresistas coincidieron en lo mismo. En carta al presidente Uribe le piden aconductar a su asesor de cabecera, el señor Gaviria, que sostuvo que los organizadores de la marcha del 6 de marzo eran cercanos a la guerrilla. Este macartismo criollo es supremamente peligroso y nos lo están advirtiendo desde afuera.

Sweeney, y esto es lo más interesante de su escrito, habla de un nuevo consenso que está emergiendo en el comercio y lo califica de esperanzador. Este consistiría en que la globalización impulsada por el comercio debería promover sociedades democráticas y aliviar la pobreza. El comercio, dice, no debe servir solo para que aumenten las ganancias de las grandes compañías, sino para crear un mundo mejor. El concepto no es nuevo. De un comercio justo se ha hablado desde hace tiempo y se ha debatido sobre el mismo en los organismos especializados y de seguro se seguirá hablando de él, porque es una aspiración aún no satisfecha. Es válido entonces que los sindicatos lo tomen en su agenda y lo recuerden para darle ese sentido de equidad y justicia al Tratado.

Quien está más cerca de la realidad del TLC es el presidente Bush. Hoy está más moribundo que vital. ¿Es eso el final? No. Ciertamente podemos vivir sin el TLC. Buscar la prórroga del Aptdea y nuevos mercados es el camino indicado.

Publicación
portafolio.co
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
16 de abril de 2008
Autor
Gustavo Tobón Londoño - Decano Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas, U. Javeriana

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