"Lo cierto es que la enfermedad en las venas es el precio de haber pasado a estar de pie en la evolución. En el organismo hay válvulas para que la sangre no se devuelva hacia el suelo por el efecto de la gravedad y cuando no funcionan, esa es la causa del daño". La primera está cerca de la región inguinal, luego baja por la pierna y si la sangre se mantiene ahí, pues tiende a coagularse.
Hay dos grandes venas: la safena mayor, que va desde el tobillo por la cara interna hasta la región inguinal es la 'mamá' de las várices. Y precisamente, se deteriora a causa del daño de las válvulas, lo que hace que la sangre se devuelva hacia abajo, hasta que se dañan todas las venas. Esas que se ven delgadas son resultado de una safena enferma.
"Pero cuando las dañadas son las venas profundas, el asunto es distinto. Esas no se pueden tocar. No se operan ni la femoral, ni la poplítea, por ejemplo. Y en esos casos, se condiciona la vida de la extremidad", concluye el experto.
Recomendaciones
Piernas sanas. Anteriormente se tenía la creencia de que había que esperar a tener hijos o a que la pierna se deformara para operar las venas. Hoy las cosas son distintas: "Uno debe hacer tratamiento a tiempo, antes de que la enfermedad termine en una úlcera o en trombosis", sostiene el cirujano vascular Álvaro Delgado.
Al final de la vida, todo ser humano va a tener manifestaciones de várices, por eso hay que cuidarse, hacer ejercicio, no dejarse engordar, corregir el estreñimiento, usar medias que aprieten en sentido de compresión graduada, como medias especiales, eso si se tiene historia familiar.
Durante el embarazo el ambiente hormonal y la presión del bebé hacen que aumente también la presión en las piernas, pero luego del parto todo debería volver a la normalidad.
El tratamiento endoláser se puede practicar a cualquier edad y tan pronto como se detecta el problema, para evitar futuras complicaciones. "Hay que entender que no se trata solo de estética sino de un mal que impide llevar una vida normal".
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