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Miercoles 15 de Febrero de 2012

De Midrand a Acraa

La X Conferencia de la Unctad, que se celebró en 1996 en Midrand (Suráfrica), coincidió con una época prometedora y de esperanza para la humanidad. Como lo sostiene Supachai Panitchpakdi, secretario de esta entidad, los países en desarrollo esperaban aprovechar rápidamente la aceleración del comercio y los flujos de capital, y muchos habían avanzado en la apertura de su economía.

Se consideraba que la rápida liberalización estimularía la eficiencia, la competitividad y reduciría la pobreza. Sin embargo, para finales del siglo se empezó a perder la confianza en la agenda de apertura, tras la crisis de Asia Oriental, en la que se puso de presente los peligros que representaba, especialmente, la apertura de la cuenta de capital. También se puso de presente que los acuerdos de la Ronda Uruguay, para ponerlos en vigencia, representaban un costo importante para los países en desarrollo.

Ante esta situación, se reconoció que la apertura por sí sola no contribuía a la solución de los problemas de desarrollo y se planearon nuevas iniciativas como la Cumbre del Milenio, para reducir la pobreza a la mitad en el año 2015, y la Declaración de Doha, para darle a la OMC, una mayor presencia para tratar los temas del desarrollo. Esta nueva orientación coincidió con un crecimiento mundial sin precedentes y los países en desarrollo han experimentado un crecimiento del 5 y 6 por ciento en los últimos años, pero ha sido un crecimiento desequilibrado, ya que no todos ellos y no toda su población, se ha beneficiado del mismo. De ahí, que el viejo dilema del crecimiento con equidad se plantea dentro de un nuevo contexto.

Estas nuevas realidades son las que están analizando esta semana la XII Conferencia de la Unctad, en Acraa (Ghana). Ellas, han dado lugar a la 'segunda generación' de la globalización, que se caracteriza por una multipluralidad económica, en donde algunos países del sur están jugando un papel importante (China, India, Brasil y Suráfrica). Esta situación esta sujeta a riesgos, dentro de los cuales se señalan la acumulación permanente en la cuenta corriente y el aumento en los precios de energía y de los productos básicos.

Pero la preocupación fundamental es cómo se resuelven los desequilibrios que se están presentando con relación a algunos países y sectores de la población. Todo ello, plantea la necesidad de mejorar la coherencia en todos los niveles de la formulación de políticas globales, para el desarrollo económico sostenible y la reducción de la pobreza, incluida la contribución de enfoques regionales.

Igualmente, hay que promover un entorno más propicio, a todos los niveles para fortalecer la capacidad productiva, el comercio y la inversión, especialmente, para movilizar los recursos y aprovechar los conocimientos en el desarrollo.

No es de esperarse que este buen diagnóstico hecho por la Unctad, dada la naturaleza de la entidad y el hecho de que no es un foro negociador, permita la adopción de nuevos compromisos internacionales.

De todas maneras, es un llamado de alerta que Colombia no debería ignorar, para que estas nuevas realidades y retos se tengan en cuenta en el diseño de su política económica internacional, tanto más si se tiene en cuenta que como país de desarrollo intermedio es muy poco lo que puede esperar de la cooperación internacional.

Publicación
portafolio.co
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
21 de abril de 2008
Autor
Manuel José Cárdenas - Consultor internacional

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