Sin embargo, hoy se manifiesta como una necesidad latente a la que las organizaciones deben responder de manera efectiva si buscan retener y atraer el mejor talento del mercado.
De acuerdo con José Manuel Acosta, "vemos claramente cómo entra en crisis el 'estado de bienestar', y el cuidado de personas mayores y de la infancia. El estrés se presenta como una de las enfermedades laborales más frecuentes y la globalización incorpora nuevos perfiles de otros países e impone una tendencia hacia una mayor movilidad geográfica".
Según Inés Pardo, si la gente dedica más tiempo a sí misma, rinde mejor. La teoría de las extras está revaluada y el que se queda hasta tarde es un caso preocupante para la empresa. El trabajo debe medirse por resultados y no por las horas que alguien viva atornillado a un asiento, explica la experta.
Hoy en día se ven en la oficina conflictos derivados de la dificultad de ejecutar múltiples papeles, y se traducen en un efecto negativo en las personas y por consiguiente en las empresas: insatisfacción laboral, menor compromiso y rendimiento con los objetivos de la organización y el detrimento del bienestar personal causado por el estrés laboral. Esto conduce a enfrentar costos crecientes en cuanto a productividad en descenso, altos índices de rotación, ausentismo y poca retención del capital humano calificado.
Ante todos estos factores es claro que el llamado 'salario emocional' va a jugar un papel decisivo en el futuro, una ventaja competitiva que radica en la propuesta de valor hacia los empleados a través de alternativas lo suficientemente atractivas para generar en ellos un mayor compromiso hacia el desarrollo del negocio.
Para Acosta, es importante destacar que no basta con diseñar la flexibilidad -igual que la rigidez-, hay que dirigirla para que no degenere en abuso o en falta de interés de los empleados. "En este proceso se propone el desafío de pensar en tácticas más evolutivas que revolucionarias, construyendo, a partir de elementos ya existentes al interior de la organización, políticas mejor estructuradas que permitan alcanzar una estrategia sostenible en el largo plazo", concluye.
El horario de trabajo decente
Las jornadas de trabajo en el mundo industrializado son cada vez menos predecibles, lo cual genera tensiones entre empleados y empleadores y pone en riesgo el equilibro 'trabajo-vida', de acuerdo con un estudio lanzado en la Conferencia anual de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
El estudio dice que las presiones para mantener la competitividad en una economía que funciona 24 horas al día, 7 días a la semana, está provocando que haya horarios de trabajo adaptados a esta realidad de mercado.
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