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Lunes 13 de Febrero de 2012

Más AIS, más maíz

En esta época en que, en hora buena, tanta gente vuelve su mirada al campo, vale la pena analizar el programa Agro Ingreso Seguro (AIS), un programa que fue concebido por el Gobierno para incrementar el apoyo y la productividad del campo colombiano; para darle la mano que nunca le fue dada; para recuperar ese millón de hectáreas de agricultura lícita que se perdieron en la década pasada; para hacer crecer la producción de alimentos en el país; para crear más empleo en el campo.

Agro Ingreso Seguro (AIS) representa precisamente lo que su nombre dice: seguridad en el ingreso del agricultor. Es decir, más productividad, más estabilidad, más rentabilidad en el ingreso del hombre del campo. Es la única forma de lograr que el campo vuelva a crecer y a crear empleo. Es la única forma para que Colombia produzca muchos más alimentos.

En efecto, en momentos en que el mundo clama por más producción agrícola, por más apoyo al campo, por más estímulos a la agricultura, Agro Ingreso Seguro (AIS) se convierte en el motor que va transformando el campo colombiano y convirtiéndolo en esa fuente productora de alimentos para Colombia y para el mundo. Para preservar nuestra propia reserva alimenticia, para contribuir a la seguridad alimentaria de otros países (obteniendo así un peso geopolítico enorme para el país dentro de la región) e, incluso, para producir biocombustibles sin afectar dicha seguridad alimentaria (ni la nuestra ni la de los vecinos).

El programa AIS irriga recursos al campo a través de diferentes mecanismos: estímulo al riego, ciencia y tecnología, incentivos a la asistencia técnica, inversiones en el sistema sanitario y crédito barato para invertir y sembrar. Algunos creen que AIS es un programa de subsidios directos que se entregan a los agricultores (¿Farm Bill criollo?). Nada más lejano de la realidad.

AIS lleva recursos al campo a través de programas que proveen bienes públicos (infraestructura de riego, ciencia y tecnología, sistema sanitario, asistencia técnica) o a través de estímulos vía crédito para que el hombre del campo pueda invertir, con flujos de caja sostenibles, en la productividad de su finca (maquinaria, equipos, biotecnología, adecuación de suelos, infraestructura de pos-cosecha, etc.), o en la expansión de sus cultivos y del empleo requerido.

Es decir, con AIS hay estímulo a la competitividad, a la producción y al empleo. No hay subsidios o pagos directos al agricultor. Pero, además, todos los recursos AIS se asignan a través de convocatorias abiertas, públicas y transparentes o, en el caso del crédito blando, en función de las solicitudes provenientes de los agricultores de cada región del país.

En otras palabras, el Gobierno no direcciona los recursos AIS. Lo único que exige es que, en el caso del crédito barato, por lo menos un 27 por ciento del valor sea reservado para pequeños productores y que, en el caso de las convocatorias, los beneficiarios hagan su esfuerzo y cofinancien parte del proyecto.

Y aunque la transformación completa del campo colombiano todavía requiere más recursos y tiempo, los resultados parciales de AIS nos indican que vamos por buen camino. Con el programa se han beneficiado 72 mil productores, de los cuales 54 mil son pequeños (76 por ciento). Se han apalancado proyectos de inversión y siembras adicionales en el campo por 2,1 billones de pesos.

Adicionalmente, con AIS se están fomentando programas de investigación en ciencia y tecnología para el campo por casi medio billón de pesos a través de 39 universidades y centros de investigación. Además, se han invertido 102 mil millones que permitirán llevarle agua (irrigación) a los cultivos de 40 mil hectáreas.

Ahora bien, la cantidad de recursos AIS que recibe cualquier región de Colombia debe medirse en relación a su tamaño, al peso del sector agropecuario dentro de su aparato económico, a la cantidad de hectáreas sembradas en su frontera agrícola y a su tradición agropecuaria, entre muchos otros factores. Incluso, las distribuciones departamentales de algunos recursos AIS entregados hasta ahora tienden a replicar la distribución histórica de recursos irrigados a través de entidades como Finagro.

Por ejemplo, no debe sorprender que departamentos como Valle y Antioquia (en donde buena parte de la economía se mueve por la agricultura), reciban más recursos AIS de crédito blando que departamentos como Vichada, Guaviare o Putumayo (en donde la agricultura apenas está despegando, tras décadas de abandono por parte del Estado).

Sin embargo, cuando los recursos de crédito blando se miden en relación al PIB agropecuario de cada departamento, se encuentra que Meta, Casanare, Atlántico, Bolívar y Huila son los de mayor dinamismo. Y cuando los recursos se miden en relación a las hectáreas de cada departamento, se encuentra que del grupo anterior sale Huila y entra Vichada.

Y lo mismo sucede con las diferentes actividades productivas del agro. La cantidad de recursos AIS que recibe cada una de ellas debe evaluarse en relación a su PIB y a su hectareaje.

Así las cosas, no sorprende que sectores como ganadería, café, palma, frutas, caña, arroz y avicultura hayan recibido más recursos AIS de crédito blando que sectores como acuicultura, especies menores, cereales y algodón, que apenas comienzan a reactivarse nuevamente en el agro colombiano.

Sin embargo, cuando los recursos se miden en relación al PIB y a las hectáreas de cada sector se encuentra que entre los de mayor dinamismo están la palma, la caña y la ganadería, pero también el cacao, las hortalizas, algunos tubérculos y algunos cereales.

No han sido en vano los esfuerzos hechos por el Gobierno con el programa AIS. En 2008, la frontera agrícola colombiana está llegando a 4,8 millones de hectáreas. Esto implica que este año se han terminado de recuperar el millón de hectáreas de agricultura lícita que se perdieron en los noventa. Gracias a esto y a la mayor productividad agrícola lograda en los últimos años (incremento de 8 por ciento con respecto a 2002), la producción del campo alcanzará 26,5 millones de toneladas en 2008, una cifra récord para nuestro país.

Esto representa más puestos de trabajo en el campo. La última cifra del Dane lo confirma: el desempleo rural continúa cayendo de manera significativa y ya se ubica en 7,7 por ciento, muy por debajo del promedio nacional. Es decir, más ocupación lícita y pacífica del territorio. Más paz. Pero esto también representa más seguridad alimentaria para Colombia y para nuestros vecinos. En otras palabras, blindarnos mucho más de lo que está pasando en el mundo y, a la vez, ser socios imprescindibles de los países en la región.

En fin, con más AIS habrá más maíz. Ello como un símbolo del progreso, el bienestar y la paz que el campo está, y continuará, aportándole a todos los colombianos.

Publicación
portafolio.co
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
5 de junio de 2008
Autor
Andrés F. Arias. Ministro de Agricultura y Desarrollo Rural

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