Raúl Castro cumplió el pasado miércoles 77 años de edad, y la fecha coincidió con los primeros cien días de haber sido proclamado como nuevo presidente de Cuba. Para muchos, su presencia como sucesor de Fidel Castro no es más que la garantía del continuismo.
Sin embargo, otros consideran que las medidas tomadas en las últimas semanas, relacionadas especialmente con apertura de algunos sectores, son el primer paso hacia un cambio que se adoptará de manera gradual.
Los críticos del Gobierno sostienen que desde que asumió el poder el 24 de febrero pasado, el geminiano general Castro presenta un discreto balance para estándares convencionales de Gobierno. De sus reformas destacan únicamente la revisión del modelo agrario de un país que este año gastará unos 2.000 millones de dólares en importar alimentos.
Respecto a la liberación de algunos mercados, muchos creen que esto es apenas un simple anecdotario, e indican que no se puede considerar cambio el hecho de que los cubanos ahora puedan adquirir teléfonos celulares, computadoras, televisores y otros electrodomésticos, y el fin de la prohibición para ingresar en los hoteles.
En consonancia, con su decisión de reestructurar el Gobierno en un año, su gabinete ha tenido apenas dos cambios desde que llegó a la Presidencia tras casi medio siglo en el poder se su hermano Fidel.
El obligado abandono de Raúl Castro de la cartera de Defensa -de las Fuerzas Armadas, se llama en Cuba- llevó al general Julio Casas a esa responsabilidad, mientras que Luis Ignacio Gómez, durante más de 16 años ministro de Educación, fue sustituido por Ana Elsa Velázquez porque "había perdido energía y conciencia revolucionaria".
En el único discurso que el nuevo presidente pronunció después del 24 de febrero, de 18 minutos- anunció el fin de la provisionalidad en que vivía Cuba con la convalecencia de Fidel Castro desde julio de 2006.
Raúl Castro convocó para fines de 2009 el Congreso del Partido Comunista de Cuba, su máxima instancia, y fusionó las cúpulas gubernamental y partidaria en una Comisión del Buró Político para hacer más operativa y funcional la toma de decisiones, algo sin precedentes en la historia de la revolución.
Sin embargo, en la calle la gente sigue pensando que nada ha cambiado, y aunque el transporte ha mejorado, al menos en La Habana, los problemas de los ciudadanos siguen sin solución.
Una nueva historia
Con la llegada de Raúl, Cuba entró entonces en una nueva fase de su historia. Y algunos cambios se notan.Los intelectuales siguen defendiendo la diversidad de opiniones. La prensa local siempre complaciente -incluso el diario Granma- abrió espacio a quejas por el salario, el transporte, la burocracia y hasta por las filas en la famosa heladería Coppelia.
Boquiabiertos, los cubanos vieron hace poco en la televisión amores gays y travestis contando sus historias, en una campaña liderada por Mariela, hija de Raúl, inusitada en un país que arrastra años de marginación contra los homosexuales.
Pero la lista de reclamos es larga. La encabezan la apertura de pequeños negocios, la abolición del permiso para viajar y de la doble moneda pues el salario llega en pesos devaluados y mucho se compra en moneda dura.
"Hace falta que las medidas, más que tocar a la puerta, entren a la casa y lleguen a la mesa; pero rápido. La gente se las ve negras, no alcanza el dinero, el salario se vuelve sal y agua", dice a la AFP Pablo, un estudiante de economía, de 22 años.
En política la cuerda se tensa más. En señales a la comunidad internacional, Raúl conmutó unas 30 penas de muerte, firmó dos pactos de derechos humanos y liberó a cuatro presos políticos; pero aplicó mano dura a opositores que acusa de recibir dinero de Washington.
"Hay claramente un cambio de estilo con Raúl y posibles reformas económicas. Tiene que haber un nuevo gobierno en Cuba en poco tiempo, porque en cinco años tendrá 82", estima Marifeli Pérez-Stable, experta cubana de Diálogo Interamericano.
En Bahía de Cochinos aún no se acaba la Guerra Fría
Marisol Cardoso, una cubana empleada de una tienda en Bahía Cochinos, no había nacido cuando se produjo el ataque de la revolución el 17 de abril de 1961. Sin embargo, ella está preparada ante cualquier amenaza estadounuidense. Es una tiradora experta en la milicia civil cubana.
Una nueva invasión patrocinada por los estadounidenses para derrocar el comunismo podría parecer ridícula en el exterior. Pero la Guerra Fría persiste en Cuba. En ningún sitio es más aparente que en Playa Girón, donde el Museo de Bahía de Cochinos exhibe morteros cubanos, un avión de guerra Sea Fury y tanques de fabricación soviética.
"E.U. terminaron la guerra fría pero para nosotros no. Le han dedicado a Cuba toda la animosidad que tenían hacia la Unión Soviética", dijo Bárbara Sierra, directora del museo que se levanta junto a la playa.
Unos 1.500 exiliados cubanos invadieron Bahía de Cochinos en la esperanza de derrocar a Fidel Castro, cuya revolución dos años antes había derribado al dictador Fulgencio Batista. Pero el presidente estadounidense John Kennedy no les dio a los invasores apoyo aéreo y, para el 20 de abril, Washington había padecido una humillante derrota.
Nick Gutiérrez, vicepresidente de la junta de fideicomisos del museo de Miami de Bahía de Cochinos, dijo que la instalación probablemente no será aprobada hasta fines de año, y que se prevé estará completada para el 2011 o el 2012.
"Hay quienes dicen Espera para ver si podemos abrir un museo en Cuba una vez que haya un cambio de gobierno", dijo Gutiérrez. "Pero por el momento seguimos adelante aquí". Cardoso, la tiradora experta, aseguró que los estadounidenses no tendrán esa oportunidad jamás. "Con Fidel, con Raúl, con quien sea, la revolución seguirá. Nos mantendremos firmes", sentenció.
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