Según Juan Rafael Arango, gerente de la empresa, "en la planta vieja teníamos un déficit de producción de 10.000 toallas diarias, que debíamos pasar a tercero. Ahora ya podemos crubrir todo".
En la nueva planta, Fatelares montó una línea de producción vertical que inicia con el proceso de apertura del algodón y pasa por hilado, tejeduría, tintorería, confección, acabados y distribución.
Esto le permite reducir tiempos de producción y aumentar capacidad, por lo cual ahora puede producir cuatro millones de toallas al año, prácticamente el doble de lo que venían haciendo.
Según Arango, esta es una apuesta por el futuro porque el presente está difícil. Por la crisis tuvieron que eliminar un turno, lo que implicó el despido de 80 de los 550 empleados que tenían en enero.
Publicidad