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Domingo 27 de Mayo de 2012

Costo de financiación: ¡el entorno cuenta!

Las utilidades bancarias, el costo de financiación, la eficiencia y la competencia son temas de permanente debate en la opinión pública y de análisis por parte de los académicos.

Entre ambas visiones existe un abismo insalvable. Mientras las primeras se basan en juicios de valor y en percepciones sobre la realidad, los segundos usan el instrumental económico disponible para comprobar hipótesis y llegar a conclusiones generales.

Los críticos del sector financiero pasan por alto que el margen de intermediación refleja, además de características micro que tienen que ver con el grado de eficiencia de la banca y la competencia, el entorno institucional y regulatorio en el que se desenvuelve la actividad financiera. Tampoco son muy proclives a ver en las utilidades bancarias un elemento positivo para la estabilidad financiera y dinamizador de la actividad de intermediación.

En el caso de la eficiencia bancaria, varios estudios han reconocido los avances que ha logrado el país en los últimos años. Medida como el porcentaje de gastos administrativos sobre el margen ordinario, ésta mejoró de un nivel del 70 por ciento en 1997 a 46 por ciento en 2008, y se acerca al de países catalogados de eficientes como Chile.

Esto se ha trasladado al cliente por la vía de una reducción del margen de intermediación financiera. Cifras del Fondo Monetario Internacional con corte al mes de junio, muestran que el margen ex/ante para la banca colombiana se ubica en 7 por ciento, muy por debajo de países como Brasil (30,4 por ciento), Costa Rica (9,4 por ciento) y Bolivia (8,5 por ciento), pero todavía superior al de economías como la chilena (4,8 por ciento) o mexicana (4,8 por ciento).

En el terreno de la competencia bancaria hay que remitirse a los diferentes estudios académicos que se han adelantado sobre la materia (Véanse por ejemplo los Borradores de Economía No. 432 y 329 del Banco de la República).

En ellos se llega a la conclusión de que la industria bancaria opera competitivamente tanto en el mercado de depósitos como en el de créditos, y que la mayor concentración financiera no ha impedido que la competencia se profundice. Para una muestra de ello, basta con señalar la guerra de tasas en el mercado hipotecario que se dio a comienzos de 2006, justo antes de que el Banco de la República empezara con su política de alzas de tasas de interés.

Para lograr mayores reducciones del costo financiero en la economía es preciso avanzar en diferentes frentes.

En primer lugar, se requiere alcanzar una profundización financiera mayor a la actual, que es del 35 por ciento medida como la relación de cartera a Producto Interno Bruto.

La expansión del crédito ha permitido recuperar el terreno perdido durante la crisis, pero todavía estamos lejos de países como Chile (80 por ciento) y a años luz de de economías desarrolladas, en donde es superior al 100 por ciento. Lograr escala permite diluir con mayor facilidad los costos fijos de la actividad de intermediación, facilitar el logro de economías de alcance con la provisión de servicios financieros complementarios y mejorar los niveles de eficiencia.

En segundo término, es imprescindible eliminar una serie de talanqueras que encarecen la intermediación financiera. Tal es el caso de inversiones forzosas en TDA's y TRD's que generan costos de oportunidad anuales del orden de 1 billón de pesos y que ejercen presión sobre los demás sectores en forma de subsidios cruzados, equivalentes a 120 puntos básicos de la tasa activa. El caso de Brasil es ilustrativo de cómo las obligaciones de crédito dirigido al sector rural se convirtieron en una pesada carga financiera para los otros sectores de la economía por la vía del margen de intermediación.

En tercer lugar, es urgente eliminar el gravamen a los movimientos financieros que, pese a las exenciones existentes, sigue ejerciendo una alta influencia en la preferencia por efectivo, creando desintermediación financiera, encarecimiento de las fuentes prestables en la economía, y propiciado un ambiente más favorable al lavado de activos.

En cuarto lugar, y pese a los avances en el diseño del marco legal y de iniciativas público-privadas, hay que propiciar un desarrollo más acelerado del mercado de capitales. Este juega un papel complementario del crédito bancario como fuente de financiación de largo plazo de las empresas.

Pero ese objetivo está lejos de lograrse si no se desmontan barreras a la libre movilidad de capitales, se impulsa la emisión de bonos corporativos y se incentiva al sector real a tomar coberturas para hacerle frente a los riesgos de mercado propios de su actividad.

Por último y no menos importante, existe el consenso entre analistas, entidades multilaterales y el Gobierno de adelantar reformas tendientes a mejorar el entorno institucional para la protección de los acreedores. Colombia está muy mal calificada a nivel internacional en tiempo, procedimientos y costo para ejecutar una garantía y hacer valer los contratos. No contar con un marco institucional lo suficientemente sólido que proteja el contrato bancario va en contra de un mayor acceso a financiación y su costo, porque se convierte en otro riesgo adicional con el que hay que lidiar y que es preciso asignarle un precio.

Los modelos de riesgo para el cálculo de provisiones y capital le asignan un papel fundamental a las garantías de los créditos lo que hará que su calidad repercuta de manera directa en el costo de capital en la economía.

Finalmente, hay que señalar que el rechazo a las ganancias bancarias es una muestra del desconocimiento del papel que desempeñan en la estabilidad financiera y refleja una visión simplificada de la forma en que éstas se generan en desarrollo la labor de intermediación.

No hay nada más nocivo para la estabilidad económica de un país que un sector financiero que no genere las ganancias necesarias para retribuir a los accionistas y constituir los colchones de capital para absorber los riesgos financieros. Estas sirven para hacerle frente a malas coyunturas económicas futuras, sin que los depositantes se vean afectados.

Fueron las utilidades acumuladas las que le permitieron al sector financiero absorber pérdidas originadas en los mercados de valores (agosto de 2002 y abril de 2006) y en el deterioro de la cartera observado recientemente. Además, la rentabilidad del patrimonio (ROE) de la banca colombiana está en línea con el promedio de América Latina (19,5 por ciento) con lo que mal podrían catalogarse de excesivas.

En conclusión, el análisis del costo de financiación en la economía no debe hacerse sin tener en consideración variables propias del mercado financiero como la eficiencia y la competencia, ni tampoco debe aislarse del entorno en el que se desenvuelve la actividad bancaria. Aun si llegamos a niveles de eficiencia máximos y de competencia extrema, factores como las inversiones forzosas, los altos niveles de encaje, el 4X1.000, y demás talanqueras que se le imponen a la intermediación financiera, terminan por generar costos que se reflejan en las tasas de interés. Es preciso mejorar el marco legal que permita una mayor profundización financiera, y lograr economías de escala superiores a la actual.

Al mismo tiempo, se necesita promover el mercado de capitales como complemento de la actividad bancaria tradicional. Solo así podremos ver que el país avance hacia niveles de costo del capital similares a los de las economías desarrolladas.

Publicación
portafolio.co
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
8 de agosto de 2008
Autor
María Mercedes Cuéllar López / Presidenta, Asociación Bancaria de Colombia

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