Las tasas se encuentran en ese nivel desde desde febrero de 2007.
La decisión no fue una sorpresa para los economistas, ya que ninguno de ellos esperaba un ajuste monetario en este periodo de desaceleración económica internacional, que no perdona al archipiélago.
"La economía japonesa atraviesa actualmente una fase de estancamiento, en un contexto de alza de los costos de la energía y de las materias primas y de un declive de las exportaciones", indicó el Banco de Japón (BoJ).
Al optar por el statu quo, el banco central se muestra más preocupado por los riesgos de un sacudón económico que por la hipótesis de una disparada de los precios y salarios, pese a una inflación que se acelera.
El mes pasado, el BoJ bajó súbitamente en 0,3 puntos a 1,2 por ciento su previsión de crecimiento para el año prespuestario que va de abril de 2008 a marzo de 2009.
Poco después, el Gobierno anunció que el Producto Interno Bruto(PIB) japonés, que había progresado un 0,8 por ciento entre enero y marzo, cayó un 0,6 por ciento en el segundo trimestre en relación al primero, una regresión que si continúa durante otros tres meses, se transformaría en recesión.
"Los mercados financieros permanecen inestables y perduran amenazas de deterioro de la economía mundial, particularmente en Estados Unidos", insistió el BoJ.
La demanda interna japonesa es también afectada por la contracción de los ingresos de las empresas, que además frenan sus inversiones y no aumentan las remuneraciones de su personal.
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