Hace doce años se empezó a hablar de edificios inteligentes en Colombia y se dieron -por lo menos en teoría- los primeros pinitos de un concepto que ahora comparte espacio con la 'arquitectura verde'.
Hoy, las promesas de generarles ahorro a los inversionistas, de darle un mejor trato al medio ambiente y lograr ventas rápidas son 'ganchos' que entienden las nuevas generaciones de constructores y compradores de finca raíz.
Mario Linares, presidente de la región Andina y Centroamérica de Sistymax (empresa que trabaja con arquitectura verde) recuerda que hace una década estos aspectos poco se tenían en cuenta.
"Plantear soluciones para reducir el consumo de energía y manejarlo eficientemente, o cómo producir combustible limpio parecían temas de ciencia ficción", comenta Linares, quien recuerda -incluso- propuestas planteadas para comprar tarifas a las empresas de servicios públicos con el fin de lograr mejores costos por paquete.
"Si hoy se requieren características especiales a la hora de edificar con estos estándares, imagínese qué sucedía en ese entonces. De hecho, cuando los constructores evaluaban la posibilidad de hacer algo más o menos parecido casi siempre encontraban que debían regirse por estrictas especificaciones en las áreas comunes o en los cuartos de administración o que debían cumplir estándares internacionales y adaptarse a topologías, climas, etc..".
Ante esta serie de necesidades, la decisión más sencilla era construir de forma tradicional, vender los proyectos así, sin complicaciones, y salir del 'inconveniente'. "Lo que llama la atención es que actualmente, a la hora de las cuentas, no se trata de un problema de grandes inversiones. Y hace diez o doce años, la situación tampoco era diferente", asegura el presidente de Systimax.
A recuperar el tiempo perdido
Entonces, ¿por qué no se construyó 'verde' desde aquella época? Según Linares, porque adaptarse a la infraestructura (léase tecnología y logística) era difícil. Esto frenó -y aún frena, en muchos casos- cualquier intención de hacer una obra realmente sostenible.
"Hay que romper esquemas y dejar de lado el modus operandi, obsoleto, por cierto, de un edificio tradicional donde cada sistema (redes de servicios, voz, datos, telefonía, entre otros) se maneja de forma independiente.
Esto, finalmente, obliga a contratar aparte y a dilatar procesos con el consecuente desgaste en tiempo y dinero.
"Con la arquitectura verde no sucede esto, pues se utiliza una sola cuadrilla, un solo material y, por lo tanto, una sola ejecución", enfatiza Linares, quien ve en este punto la verdadera apuesta de rentabilidad para los constructores.
"Se reporta un gasto único, que al ser generado en un solo 'paquete' produce ahorros. De paso, para el mantenimiento, la adecuación de redes o las eventuales actualizaciones solo hay que acudir a un proveedor lo que, igualmente, significa menos gastos y más garantía", asegura.
César Cabrera, director de Normalización de Calidad y Procesos de Schneider Electric de Colombia coincide con Linares y agrega que uno de los errores es identificar la arquitectura verde como una moda.
"Por el contrario, es todo un concepto que integra el diseño físico del proyecto, su ubicación, el manejo de la electricidad, del agua, etc. con tecnologías de última generación que busca la sostenibilidad y, por añadidura, el cuidado ambiental y el ahorro de energía, entre otros aspectos, ya sea en viviendas, oficinas o proyectos industriales", agrega.
Con estas premisas, el objetivo de ser amigable con el medio ambiente se debe dar como una consecuencia lógica que parte del constructor y esto, lógicamente, se transmite al propietario que encuentra todo adaptado más que como un valor agregado, como algo natural que forma parte de los servicios.
"Finalmente, la gran diferencia es que al momento de vender, más que ganar dinero se vende un concepto.
"Las nuevas generaciones lo entienden, saben que se trata de una inversión", concluye Cabrera.
Ventas, alquiler y tasas de ocupación, más amplias
La teoría de que un inmueble construido bajo los estándares de arquitectura verde se vendería mejor es contundente. Sin embargo, el gerente de Sistymax no considera que, necesariamente, se vendería más caro.
La ganancia de una reventa es similar a la de cualquier inmueble tradicional, es decir, con una valorización acorde con la evolución del mercado, pero con beneficios de ahorro y disfrute durante su uso, y de fácil comercialización ya sea en venta nueva o usada.
En este proceso es importante la especialización de los agentes de ventas, especialmente en nuestro entorno donde un proyecto verde es un 'fenómeno'. Y es que en muchos casos las personas encargadas de comercializarlo no tienen la más mínima idea de qué se trata.
El empresario cita el caso de un centro comercial en Bogotá que implementó algunas características de arquitectura sostenible donde muchos de los propietarios adecuaron por su cuenta sistemas de seguridad, de ahorro, etc. simplemente porque no se les informó que el proyecto ya los tenía.
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