Y aunque las principales quejas de los vecinos están relacionadas con el expendio, el consumo de licor y los juegos de azar, para el director de Planeación Municipal, Carlos H. Jaramillo, estos hechos más que un deterioro significan una transformación normal en el uso de esas zonas de fácil accesibilidad.
En esto coincide con Eduardo Loaiza, gerente de la Cámara Colombiana de la Construcción de Antioquia, quien asegura que en últimas el comercio y el entretenimiento siempre terminan desbordando la norma y desplazando a los residentes. La Zona Rosa (Parque Lleras) es un ejemplo de ello, al que se suma el caso del tradicional Barrio Prado, en el centro de la ciudad.
Cali tampoco se escapa del fenómeno. De hecho, Carlos Enrique Escobar decidió remodelar la casona donde vivía en el barrio San Fernando, en el sur de la ciudad, cuando vio que se estaba convirtiendo en una zona comercial. "La convertí en edificio y dejé espacio para una peluquería", anota.
Algunos vecinos vendieron o alquilaron porque el sector ya no era residencial. Los propios comerciantes han intentado atender las preocupaciones de la comunidad sobre el alto tránsito y la inseguridad de la transformación que, según Escobar, le ha traído beneficios para la valorización de los predios.
Mientras tanto, en el norte de la ciudad la experiencia del barrio Granada tiene sus contrastes. En uno de sus sectores se concentran hasta 25 bares y discotecas, que causan agite en las noches de jueves a sábado.
Sin embargo, unos sesenta restaurantes y salas de arte se han asociado en una zona de gastronomía y cultura con el fin de convertirse en atractivo turístico.
Publicidad