Unas horas antes de la votación sobre el plan, que se prevé muy reñida, representantes del ala más conservadora del Partido Republicano y algunos demócratas rebeldes se manifestaron en contra del acuerdo alcanzado el domingo.
En un debate dramático, con legisladores que parecían angustiados acerca de su voto, el representante por Indiana, Mike Pence, advirtió que el plan de rescate iba en contra de los principios del gobierno estadounidense.
"La libertad económica significa libertad para tener éxito y libertad para fracasar", dijo Pence, dando cuenta de la intranquilidad de los conservadores por el uso de los recursos y el poder del gobierno federal para intervenir abiertamente en los mercados.
"El mayor plan de rescate financiero de la historia de Estados Unidos cambia para siempre la relación entre el Gobierno y el sector financiero y traslada el costo del mismo al pueblo estadounidense y eso no lo puedo apoyar", agregó.
El republicano por Texas John Culberso advirtió que el proyecto de ley otorga un poder inexplicable y sin precedentes al secretario del Tesoro, quien a partir de ahora tendrá la posibilidad de decidir cuándo y dónde comprar deudas incobrables.
"Básicamente, estamos creando aquí un rey Henry", dijo. "No aprobemos la quiebra de nuestros niños por salvar a estos grandes bancos de Wall Street", señaló.
Otro republicano por Texas, Lloyd Doggett, disparó munición gruesa contra el gobierno de George W. Bush, alegando que el presidente generó la crisis y ahora es incapaz de superarla.
El representante demócrata Lynn Woolsey también se sumó a los críticos, quejándose de que se les pide a los contribuyentes que paguen por la irresponsabilidad de las mayores empresas financieras: "¿Por qué no paga Wall Street por el lío que ella misma ha creado?", se preguntó.
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