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Lunes 13 de Febrero de 2012

Como el avestruz

Mientras casi todas las naciones del mundo se inquietan por los efectos de la grave crisis financiera internacional y sus líderes debaten las medidas a tomar, en Colombia "parece que viviéramos en la luna". Esa afirmación hecha por la presidenta de la Asociación Bancaria, María Mercedes Cuéllar, refleja algo evidente.
Y es que ni en el alto Gobierno hay reuniones de emergencia para prever dañinas consecuencias y prevenir su extensión, ni en el Congreso los parlamentarios citan al equipo económico a debatir las medidas que convendría adoptar. En ambos escenarios, los temas siguen siendo las reformas judicial y política, el referendo para posibilitar una segunda reelección del Presidente o una reforma constitucional diferente para permitirle volver a aspirar a la Jefatura del Estado en 2014. Todo ello como si las alarmas no estuviesen sonando de manera estruendosa.

Una mirada a los titulares revela que los dirigentes colombianos parecen seguir muy a la distancia los acontecimientos de las bolsas y el inicial fracaso del plan de salvamento lanzado por la administración Bush, que anoche acabó siendo aprobado por el Senado estadounidense y al que le falta su paso por la Cámara de Representantes. Tan solo el Ministro de Hacienda se ha encargado de enviar mensajes tranquilizadores que han tenido poco eco. No obstante, fue ese mismo funcionario quien junto con el Superintendente Financiero tuvo que informar que varios fondos de pensiones habían perdido una suma cercana a los 55.000 millones de pesos en la quiebra de Lehman Brothers, noticia a la que se sumó otra del Banco de la República que había depositado en la desaparecida entidad casi 6.000 millones más, pertenecientes a las reservas internacionales del país. Si bien en ambos casos las sumas son una ínfima proporción de los recursos manejados por las instituciones mencionadas, ese caso demuestra que la crisis ya tuvo efectos cuantificables en el territorio nacional.

Así las cosas, son cuando menos cuatro los frentes que deben inquietar a las autoridades. El primero, sin duda, es el inminente encarecimiento del crédito. Conseguir recursos frescos para los programas de desarrollo del país va a ser, de ahora en adelante, no solo más difícil, sino más costoso, porque tanto los banqueros que prestan como los inversionistas que compran bonos van a apostar por la prudencia. El segundo es la inestabilidad en el mercado cambiario y una eventual devaluación probablemente mayor a la ya registrada, que por demás toma al Gobierno con medidas recientes adoptadas contra la revaluación y las importaciones baratas, en la dirección contraria a lo que puede venir.

Un tercer problema puede provenir de una desaceleración e incluso de una recesión mundial, que frene las compras de los productos que Colombia exporta y que, por otro lado, detenga inversiones extranjeras, mientras se aclara el panorama. Ya es evidente una caída en las cotizaciones del petróleo, el carbón y numerosos productos agrícolas, en prevención de una baja de la demanda. Y el cuarto asunto, más bien de orden político, es que en este ambiente contrario al libre comercio que parece ganar cada día más terreno tras la debacle financiera, las posibilidades del TLC con Estados Unidos, que habían mejorado en las semanas recientes, pueden volver a complicarse.

Como puede verse, la agenda de inquietudes es bastante compleja. Y por eso es tan grave que no se compadezca con el nivel de preocupación que demuestran el Ejecutivo y el Congreso.

Otros gobiernos latinoamericanos han creado ya grupos de trabajo en sus equipos económicos, mientras en las Cámaras legislativas son citados los ministros a debate, para discutir la situación y las medidas que urge adoptar. Esto debe darse también en el país, y de manera tan pronta como seria. Esconder la cabeza como el avestruz o mirar para otro lado, como si la enorme crisis internacional no nos fuera a tocar más que tangencialmente, es un acto de irresponsabilidad que en el corto y mediano plazo le puede salir muy caro a Colombia.

Publicación
portafolio.co
Sección
Otros
Fecha de publicación
1 de octubre de 2008
Autor

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