Últimas Noticias de Economía y Negocios de Colombia y el Mundo

Sabado 26 de Mayo de 2012

En su opinión ¿quién es el responsable por la crisis en la industria financiera?

La lista de posibles culpables es muy larga: el Congreso de Estados Unidos, por impulsar de manera excesivamente celosa la propiedad de inmuebles; la Reserva Federal, por mantener muy bajas las tasas de interés; prestamistas depredadores, por aprovecharse de potenciales compradores de hogares que no estaban calificados. Y también los compradores de viviendas, por zambullirse en deudas sin pensar un solo momento en las consecuencias.

Y la lista sigue: la Casa Blanca es responsable por haber permitido la desregulación bancaria. Y los ejecutivos de empresas financieras por vender productos que no conocían, mientras disfrutaban de ganancias excesivas; y las agencias de evaluación de créditos, por ver dinero donde no existía, y los fondos de cubrimiento usados en operaciones con derivados por apostar al día del juicio final, y con esa apuesta, acelerar justamente este desenlace.

Eso nos recuerda la novela de Agatha Christie Asesinato en el Expreso de Oriente. Había apenas una víctima, pero muchos pasajeros sospechosos. Y vamos a añadir otro: la transformación de bancos de inversiones en empresas que se cotizaban en bolsa.

Esa tendencia, que comenzó a mediados de la década de los ochenta, tenía como propósito obtener más capital en una economía global en expansión. Pero luego, causó consecuencias no esperadas.

En la época dorada, los bancos de inversiones eran propiedad de personas que arriesgaban buena parte de su capital. Esas personas eran recompensadas cuando los negocios andaban bien, y debían cargar con las pérdidas cuando las cosas andaban mal. Por lo tanto, pensaban dos veces antes de meterse en riesgos innecesarios.

Luego vino el banco de inversiones cuyas acciones se cotizaban en la bolsa, comenzando con Bear Stearns en 1985, y concluyendo con Goldman Sachs en 1999. Tras cada oferta pública, algunos socios obtuvieron mucho dinero y se retiraron.

Aquellos que continuaron, mantuvieron las ruedas en movimiento, pero en esta ocasión, con dinero de otras personas.

Uno de nosotros (Jack) saboreó en fecha temprana el impacto cuando General Electric compró el banco de inversiones Kidder Peabody en 1986. Aunque no era técnicamente un Ipo (oferta pública de acciones en bolsa), el acuerdo tenía el mismo efecto, debido al dinero que manejaba GE.

Menos de dos semanas después de cerrar la compra, un grupo de banqueros de Kidder se presentó en la oficina de Jack proponiendo un préstamo puente por 400 millones de dólares para financiar una transacción en la industria del petróleo y del gas. Se trataba de un acuerdo de alto riesgo que posiblemente no se habrían animado a hacer en su previa sociedad.

Esos inversionistas consiguieron concretar el acuerdo. Y luego, tras varios usos muy creadores del dinero de GE, todos advirtieron que la empresa carecía de la pericia para lidiar con un banco de inversiones. Por lo tanto, la institución fue vendida a Kidder en 1994.

A medida que los bancos de inversiones controlados por accionistas comenzaron a asumir riesgos o posiciones más grandes, también los ejecutivos obtuvieron bonificaciones más altas.

El resultado fue que Wall Street se convirtió en algo similar a Las Vegas. Financistas anónimos comenzaron de pronto a recibir sueldos anuales de cinco, 10, o más de 20 millones dólares al año.

Para que el juego continuara, la mayoría tomó riesgos cada vez más altos con instrumentos financieros más exóticos.

Y si un acuerdo andaba mal, se daba al causante del desaguisado una bonificación más pequeña. Eso era todo. Nadie arriesgaba su propio dinero. No es entonces una sorpresa lo ocurrido.

Pero no toda la crisis financiera se debe a los bancos de inversiones que cotizan en bolsa. Esos bancos son apenas otro pasajero en el Expreso de Oriente. Pero mencionamos a esos bancos porque cuando venga la limpieza, queremos que todos los culpables reciban su merecido.

Y, sin duda alguna, el sistema de compensación en Wall Street debe ser confrontado como parte de una intervención gubernamental.

En cuanto a la limpieza, tiene que haber una. Esta crisis es enormemente compleja y de alcance global, pero previas crisis han demostrado que sistemas quebrados pueden ser arreglados por personas inteligentes. El secretario del Tesoro Henry Paulson, el presidente de la Reserva Federal Ben Bernanke, y el presidente de la Reserva Federal de Nueva York Timothy Geithner, son personas capaces.

La ideología no los ha cegado, y han demostrado que pueden actuar con rapidez y flexibilidad al anticipar otra acción cuando la primera no fue suficiente.

Ignoramos cómo o cuando la crisis finalizará, pero tenemos confianza en que el equipo a cargo volverá a poner de nuevo el sistema en funcionamiento, y que habrá días mejores.

Publicación
portafolio.co
Sección
Otros
Fecha de publicación
3 de octubre de 2008
Autor
Jack y Suzy Welch / Especial para PORTAFOLIO

Publicidad