En otro lunes negro, y el segundo lunes de pánico consecutivo en el que se desplomaron las bolsas mundiales, Bush les dijo a los periodistas tras reunirse con representantes de pequeñas empresas en San Antonio, Texas (sur de E.U.), que el plan de rescate financiero aprobado por el Senado y promulgado por él tiene la misión de distender los mercados de crédito.
Pero advirtió: "llevará un tiempo poner en funcionamiento un programa que en primer lugar es efectivo y, en segundo, no gasta el dinero de los contribuyentes".
"No queremos acelerar las cosas para que luego este programa no sea efectivo", dijo. Y añadió: "(...) de una cosa pueden estar bien seguros y es que el plan que promulgué es un gran paso hacia la solución del problema".
El presidente estadounidense, en los picos más bajos de su popularidad, admitió que existe la percepción en los ciudadanos estadounidenses de que el dinero de sus bolsillos servirá para pagar las torpezas y codicia de los barones de Wall Street.
"Mucha gente en Texas y en el país están descontentas con el Gobierno por las medidas que he debido tomar", indicó.
"Ellos se preguntan: 'Yo pago mis impuestos, mis hipotecas, ¿por qué usted ayuda a Wall Street?'". Y respondió: "Si no hubiéramos hecho nada, estas personas que están detrás mío estarían en una situación mucho más dramática", señaló, refiriéndose a los empresarios locales.
"Intentaremos que en el futuro esto no vuelva a pasar. Mientras tanto, debemos solucionar el problema; y para ello me enviaron a Washington, DC. Cuando aparece un problema, debemos trabajar en equipo para solucionarlo", argumentó.
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