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Miercoles 15 de Febrero de 2012

La pesadilla sin fin

Como si se tratará de una salvación esperada, el Congreso de Estados Unidos aprobó el famoso paquete de rescate financiero por 700 mil millones de dólares.

Sin embargo, los anhelos de quienes asumieron que semejante intervención sería suficiente para apaciguar las aguas y restablecer la confianza en los mercados financieros se han venido desvaneciendo conforme a los hechos. A pesar del paquete, los mercados no responden conforme a lo esperado, y como si fuera poco las proyecciones sobre una recesión global y la profundización de una contracción crediticia aumentan aceleradamente.

Los efectos de la crisis norteamericana se han sentido en muchos países en vía de desarrollo. Las bolsas de valores en las economías emergentes han experimentado su caída más severa en más de dos décadas. Si miramos casos particulares nos encontramos con que el Índice Bovespa en Brasil ha caído en un 10 por ciento, mientras que en Rusia el Índice Micex se ha venido disminuyendo, registrando la caída más severa desde la crisis de 1999.

La explicación de este fenómeno, al igual que la caída de los principales índices de Wall Street, no es otra distinta a que hay desconfianza por parte de los inversionistas y que estos mismos le están apostando al menor riesgo posible. Por supuesto, las implicaciones de esto ya se han sentido con la disminución del mercado global de fusiones y adquisiciones, y ni hablar de las emisiones públicas iniciales (IPO) en los mercados emergentes.
Pero mirando a Estados Unidos y en concreto al sector inmobiliario como epicentro de la crisis, valdría la pena preguntarse si el paquete aprobado por el Congreso será un alivio que corregirá la crisis financiera norteamericana. La respuesta, tristemente, es no.
Tal como lo ha señalado el profesor de la Universidad de Harvard,
Martin Feldstein, la crisis hipotecaria está lejos de resolverse.

Hasta la fecha, desde la explosión de la burbuja, el precio promedio de las viviendas ha caído aproximadamente en un 20 por ciento, lo que en la práctica se traduce en que más de diez millones de deudas hipotecarias exceden el valor de los inmuebles. Así mismo según analistas se debe esperar caídas de precios adicionales cercanas al 15 por ciento, lo que sin ir muy lejos aumentará de plano el número de incumplimientos crediticios y por ende tendrá efectos adicionales en el sistema financiero.

Para colmo de males, los aumentos que ha presentado la tasa Libor tendrán un impacto adicional en el sector hipotecario de Estados Unidos. Según análisis de la firma Bloomberg, durante el próximo mes más de 100 mil hipotecas atadas a tasa Libor deberán renegociarse, aumentando las cuotas mensuales en más de un 18 por ciento, conforme a las condiciones actuales del mercado.

A este panorama se le debe agregar las perspectivas de recesión en los E.U. Sin ir muy lejos, el consumo ha venido disminuyendo.

Las ventas de vehículos, el tráfico aéreo y la actividad de restaurantes y almacenes de cadena se están reduciendo sustancialmente.

Frente a esta realidad, América Latina debe prepararse para el 2009. Esto implicará ajustar en muchos países el gasto público ante posibles disminuciones de los ingresos tributarios derivados de un impacto negativo de la crisis en el sector exportador. Por supuesto, dichos recortes demandarán que el gasto social se focalice correctamente hacia las poblaciones más vulnerables.

Adicionalmente, se deberá mantener a toda costa la credibilidad de la política monetaria y no ceder ante presiones inflacionarias. No se trata de pesimismo, pero Latinoamérica no debe menospreciar los efectos de lo que hasta ahora parece una pesadilla sin fin.

ivanduquemarquez@gmail.com

Publicación
portafolio.co
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
8 de octubre de 2008
Autor
Iván Duque Márquez Consejero principal por Colombia y Perú ante el BID.

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