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Martes 14 de Febrero de 2012

Venta de activos bancarios en desbandada perjudica el valor de los mismos

Uno de los temas que ha hecho de la actual crisis financiera algo particularmente peligroso es el fenómeno del desapalancamiento mediante el cual los bancos, tratan de restablecer sus relaciones de solvencia a través de la venta de activos. El problema es que todos lo hacen al tiempo, depreciando el valor de los mismos.

No existe una fórmula exacta que permita calcular con certeza cuál es esa estructura óptima de capital. Normalmente, en nuestro medio una empresa que esté endeudada más allá del 70 por ciento de sus activos comienza a ser considerada como altamente endeudada. Sin embargo, los bancos, desde que se inventaron, han trabajado con relaciones de endeudamiento bastante superiores y el reconocido por el Comité de Basilea (órgano internacional de concertación de los reguladores financieros) es de 90 por ciento. Se ha partido de la base de que los depósitos no pueden asimilarse a una deuda exigible, en la medida en que son estables, puesto que en circunstancias normales es poco probable que todo el mundo retire su dinero al tiempo.

La contrapartida de ello es que los bancos deben ser rigurosos en el manejo del crédito. Con esos niveles de apalancamiento, si el 10 por ciento del valor de los créditos no se recupera, desaparece el capital del banco. Les conviene a los banqueros ser ortodoxos en la aprobación de sus créditos.

Pero ¿qué pasa si dicha ortodoxia se pierde, y comienzan a otorgar crédito a personas sin capacidad de pago y a constituir filiales, pomposamente llamadas "Vehículos Especiales de Inversión" (SIV) especializadas en adquirir esas hipotecas empaquetadas, y que funcionan con niveles de apalancamiento del 99 por ciento? Rentable el negocio, pero altamente peligroso.

Una caída en el valor de las hipotecas de un 1 por ciento llevaría a la desaparición del capital de esas filiales. Muchos bancos tuvieron que volar a socorrer sus SIV, pues su quiebra pondría en riesgo su reputación, y el contagio se extendería a la casa matriz.

Frente a esta circunstancia, los bancos centrales deben proporcionar liquidez, y los gobernantes deben enviar un mensaje de calma, otorgando una garantía total a los depósitos a fin de frenar la corrida bancaria, y diseñando estrategias para sanear el sector financiero.

La estrategia inicialmente trazada por la Secretaría del Tesoro de Estados Unidos consistió en establecer "Programa de adquisición de activos en problemas". Al comprometerse el Tesoro a comprar dichos activos 'tóxicos', en condiciones superiores a las que el mercado les reconocía, se suponía que contribuiría a restablecer un mercado por ellos y a enfrentar por esa vía el problema de la liquidez de los bancos. Pero, ¿qué pasa si el problema no es de liquidez sino de solvencia, y el mercado así lo percibe?

Un problema de capital se debe enfrentar con capital. El plan del gobierno inglés propuso por el contrario que el estado quedara como accionista de las instituciones apoyadas, a través de la suscripción de acciones preferentes. Es un sistema más eficiente: con un millón de dólares de compra de activos, la capacidad crediticia de un banco se mejora en igual monto. Con un millón en el capital, dicha capacidad, gracias a las virtudes del apalancamiento, se mejora en 10 millones de dólares. Otra virtud de este esquema: los accionistas privados responsables (por acción o por omisión) de la crisis comienzan a perder participación, a través de la dilución de su participación accionaria.

En un evento extremo, el Banco quedaría nacionalizado.

Posiblemente el fundamentalismo ideológico de un número considerable de parlamentarios republicanos se oponía a cualquier cosa que sonara a ampliar la participación del Estado en la Economía. Por ello la alternativa de la capitalización de entidades financieras no apareció como el núcleo central de la propuesta.

Solo cuando el fracaso de la vía de compra de activos se evidenció en la reacción desfavorable que ella suscitó en los mercados de valores, entendió el Secretario del Tesoro que la propuesta inglesa era una buena idea. Como cualquier leguleyo de país tropical, resolvió interpretar que entre los activos autorizados para adquirir, se encontraban acciones de las entidades financieras en problemas. La percepción de que se estaba dispuesto a ello explicó la reacción favorable de los mercados de valores del pasado lunes.

* Profesor Asociado, programa de Finanzas, Facultad de Administración - Universidad de Los Andes

Publicación
portafolio.co
Sección
Otros
Fecha de publicación
15 de octubre de 2008
Autor
Francisco Azuero / Especial para PORTAFOLIO

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