Habiendo finalizado la 'semana de receso' decretada por el Ministerio de Educación (Dec. 1373/07), conviene realizar algunos interrogantes.
En primer lugar, ¿cuál es su verdadera motivación? Dicha semana ha existido en muchos planteles académicos desde hace varios años y siempre se ha argumentado que sirve para que el estudiante 'tome un segundo aire' para enfrentar los meses finales del año escolar.
Esta puede ser una buena motivación, pero posiblemente no lo es para toda la población estudiantil. Será que los estudiantes de calendario B están cansados luego de un mes de estudio.
Lo que se dio fue la 'institucionalización' de más vacaciones por decreto en uno de los países con el mayor número de festivos del mundo. Ante esta situación uno podría preguntarse quién se beneficia de la medida y la respuesta es evidente: el sector turístico.
Sin embargo, la situación no es sencilla. Por un lado, no todos los hogares del país se pueden dar el lujo de pedir vacaciones cuando el Gobierno las institucionaliza y en este sentido, podría decirse que la medida puede ser inequitativa frente a toda la población asalariada e independiente que no tiene ni el dinero ni la posibilidad de escoger sus vacaciones.
¿Afecta la calidad de la educación? En materia de calidad parece que el rezago frente a otros países no cede y los resultados de las pruebas de Pisa no son muy alentadores.
Luego, uno se imagina un escenario ideal en que ésta es utilizada para que los estudiantes acudan al colegio a realizar consultas a sus profesores, a compartir sus inquietudes con sus compañeros e incluso a tener encuentros con estudiantes de otros colegios, sobre todo para quienes carecen de apoyo o recursos necesarios en casa; pero esto no es así.
Algunos planteles promueven el descanso delegando un número de trabajos complementarios olvidando que es para tomar un 'segundo aire' y que los padres no tienen libre esa semana.
Como resultado de ello no sorprende ver más de un padre o madre encartado con los hijos, incluso en el trabajo, como se pudo ver en las calles durante este período.
En materia de calidad y equidad, las políticas educativas actuales son incipientes y preocupa ver la carencia de mecanismos de interacción entre estudiantes de planteles oficiales y privados, lo cual permitiría avanzar en la tolerancia y en la búsqueda de soluciones creativas a problemas de la vida cotidiana.
El énfasis se ha centrado en construir colegios más grandes y con un equipamiento más moderno, pero en materia de generación de espacios comunes, poco o nada.
Otro tema es el impacto sobre las finanzas de los hogares.
Tómese el caso de los planteles de calendario A.
Normalmente toman sus clases de febrero a noviembre, y en consecuencia deben cancelar diez meses de pensión y el respectivo valor de matrícula, que en muchos casos equivale al valor de un mes de clase, gracias a que los bonos escolares ya no existen.
El Decreto firmado por la ministra María Cecilia Vélez, no dice en ninguna parte que los planteles se deban abstener de hacer cobros adicionales pero, en nuestro país, donde a todo se le busca la oportunidad: ¿qué ocurre si los planteles deciden acomodar esa semana de clase a final de enero o la primera de diciembre y con ello logran percibir un mes más de pensión?
En síntesis, el turismo tiene un segundo aire y los estudiantes han tenido una temporadita de descanso. Solo el tiempo dirá cómo se han visto afectadas la calidad y la cobertura. Por ahora, propongamos la semana siguiente de 'receso para los padres' y podremos seguir ayudando al golpeado sector del turismo.
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