Primero fue Islandia, y ahora parecen ser muchos más los países que van rumbo a una crisis. La situación de los mercados de crédito ha puesto en evidencia la fragilidad de varias economías emergentes en las que los elevados déficit de cuenta corriente y excesivo endeudamiento parecen ser detonantes de un desastre.
Entre la lista de posibles víctimas figuran países como Hungría, Pakistán, Estonia, Latvia, Bulgaria, e inclusive Indonesia, por solo mencionar algunos. En el caso de Hungría, que durante los últimos días ha buscado desesperadamente la ayuda del FMI, los síntomas son alarmantes. El país cuenta con un déficit de cuenta corriente cercano al 5% del PIB, altos niveles de endeudamiento en monedas extranjeras, un número de reservas internacionales que con las justas da para cubrir los vencimientos de deuda de corto plazo y una deuda pública cercana al 65% del PIB.
Como consecuencia de la crisis financiera y el temor al riesgo que han tenido los inversionistas, Hungría ha visto cómo en las últimas semanas su bolsa de valores se desploma, la moneda se devalúa y el riesgo país se deteriora. Lo triste de la historia es que durante los últimos dos años y ante la evidencia de estos riesgos, el país había adelantado un riguroso programa de ajuste fiscal.
Lastimosamente fue demasiado tarde.
Otro de los países que pasa por la cuerda floja es Pakistán. Tal como lo han dado a entender funcionarios del FMI, es probable que el país acuda a este organismo por un préstamo de cinco mil millones de dólares para evitar una cesación de pagos en sus obligaciones de deuda externa. La situación es preocupante, pues como ha sido resaltado por varios analistas, las reservas internacionales del país se han reducido en un 74%, llegando a un monto que a- penas equivale a menos de dos meses de importaciones. Como si fuera poco en el marco de la crisis financiera internacional la moneda se ha depreciado en más de un 23%, la bolsa de valores ha caído en más de un 30% y la calificación de riesgo soberano ha llegado a su punto más alto de deterioro.
Las consecuencias de la crisis financiera y este panorama en algunas economías emergentes, principalmente las de Europa del Este, ha hecho que la percepción de riesgo por parte de los inversionistas se incremente. Esto inclusive se ha visto reflejado en un aumento de los Spreads en los bonos gubernamentales latinoamericanos, aún en países con grado de inversión.
Durante lo que queda del año y de cara al 2009, los inversionistas se mantendrán sigilosos y quizás se ausenten por un tiempo de los mercados emergentes, buscando inversiones menos riesgosas. América Latina por ahora vive un ambiente de cautela, y el acceso a los mercados internacionales se ha restringido para varios países, abriendo oportunidades de financiamiento a organismos multilaterales de desarrollo.
Ante un panorama de crecimiento regional para el próximo año, cercano al 3%, y un ambiente de aversión al riesgo, los países de América Latina que tengan mejor disciplina fiscal, menores déficit de cuenta corriente, mayores reservas internacionales y políticas monetarias confiables, serán los mejor preparados para afrontar las tempestades y darle confianza a los inversionistas. Los países que tengan que actuar en estos frentes es mejor que lo hagan ahora, especialmente los que son dependientes del comercio con E.U. y Europa. No sea que, como ocurrió en Hungría, la crisis los coja con los 'calzones abajo'.
ivanduquemarquez@gmail.com
Publicidad