La celebración del Congreso Colombiano de la Construcción que por estos días tiene lugar en Cali, ha vuelto a poner sobre el tapete la suerte de un sector clave. El motivo es que en momentos en que los vientos de la desaceleración soplan con fuerza en el país, diferentes expertos han señalado que mantener el buen ritmo en ese campo ayudaría a aliviar las consecuencias de la crisis internacional. Y es que la actividad no solo mueve los engranajes del aparato productivo, pues tiene un peso de 5,4 por ciento en el PIB, sino que es una gran generadora de empleo, con unas 893.000 personas vinculadas a la cadena. Con razón hay quienes dicen que los resultados en este frente influyen en el comportamiento de la demanda interna.
Lamentablemente, los datos recientes no son del todo alentadores. Después de experimentar un crecimiento real anual de 11,5 por ciento en promedio, entre el primer trimestre del 2002 y el segundo trimestre del 2008, todo indica que se ha producido un frenazo.
Así, según el Dane, en el caso del ramo edificador que comprende destinos residenciales, comerciales e industriales, el área licenciada tuvo un reducción del 23,7 por ciento en agosto, mientras que la correspondiente solo a vivienda cayó 25,1 por ciento. De tal manera, en los ocho primeros meses del año, los permisos globales han tenido una contracción del 7,8 por ciento, en tanto que para casas y apartamentos la baja ha sido del 12 por ciento, con respecto a igual período del 2007.
Si bien otras mediciones dejan en evidencia que el ritmo de construcción fue elevado en el primer semestre, ahora ya no es así. Por ejemplo, los despachos de cemento hasta septiembre crecieron apenas 2 por ciento, unos 10 puntos porcentuales menos que hace 12 meses. La encuesta al consumidor que realiza Fedesarrollo revela también que el apetito para adquisición de vivienda se ha reducido en forma considerable. En opinión de los entendidos, las menores expectativas sobre el ritmo de la economía no solo han golpeado a la oferta, sino también el buen ánimo de los compradores.
Dicho lo anterior, es bueno tener en cuenta que el final del ciclo expansivo en Colombia no tiene nada que ver con lo ocurrido en otras naciones como Estados Unidos, España o Irlanda. A pesar de que en el país hubo elevación de costos y precios, esa situación es bien diferente a la de las burbujas inmobiliarias que estallaron y dieron origen a la descomunal crisis financiera ya conocida. Incluso los indicadores del sector bancario nacional no dan motivos de alarma, entre otras porque las entidades de crédito locales aprendieron la dura lección que les dejó la debacle de finales de la década pasada.
Hecha esa consideración, la pregunta lógica es si es posible esperar un repunte de la actividad en los próximos meses. Al respecto, es indudable que con la volatilidad actual esa probabilidad es baja, pues nadie quiere hacer apuestas de largo plazo en medio de tantos altibajos. No obstante, los conocedores del tema insisten en que hay espacio para crecer. En ese sentido, hay una ventana en el campo de la Vivienda de Interés Social si se logran romper los cuellos de botella que han surgido en los últimos meses. Iniciativas como la de 'Techo digno', presentada hace un par de días por el ministro Juan Lozano al Congreso, merecen toda la atención del caso.
Por otro lado, hay que seguir insistiendo en la necesidad de que los programas de obras públicas pasen del papel a la realidad. En el caso de las municipalidades ha sido notorio un menor ritmo de ejecución de proyectos por cuenta del cambio de alcaldes ocurrido en enero. Y en lo que tiene que ver con el Gobierno Nacional, siguen las quejas sobre la lentitud en la puesta en marcha de los grandes proyectos viales que incluyen a la Ruta del Sol y el Túnel de la Línea. Sin embargo, ante la acumulación de cifras preocupantes, no estaría de más una mayor concentración del Ejecutivo en impulsar la ejecución de planes locales y regionales, para que así el sector de la construcción le ayude al país a enmendar la plana.
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