(Versión recortada de las palabras de Alejandro Figueroa, Presidente del Banco de Bogotá, en la ceremonia de graduación de los especialistas en Mercadeo Estratégico y Finanzas Corporativas del Cesa).
Coincide su graduación con la crisis financiera en los E.U. y en el resto de las naciones desarrolladas de Occidente; la más severa desde la Gran Depresión de principios de los años 30.
El origen de esta crisis está en la falta de prudencia con que muchas instituciones financieras otorgaron créditos a quienes no tenían capacidad de pagarlos, y posteriormente, utilizando 'innovaciones financieras' trasladaron este riesgo a instituciones financieras y ahorradores e inversionistas alrededor del mundo.
Afortunadamente ninguno de los bancos y fondos de pensiones de Colombia adquirió estos 'activos tóxicos' como se les denomina hoy en día.
En el reporte entregado el pasado mes de agosto al Secretario del Tesoro de los E.U. por un grupo de expertos bancarios se expresa: "Estos eventos tienen múltiples causas y factores que contribuyeron a su desarrollo, sin embargo, la causa principal de los excesos de los mercados financieros, tanto en la parte ascendente del ciclo como en la parte descendente, es el comportamiento humano colectivo -desenfrenado optimismo en la parte ascendente y temor, bordeando en el pánico, en la parte descendente. Como lo enseña la historia sin lugar a dudas, es virtualmente imposible anticipar cuándo el optimismo da lugar al temor, o cuándo el temor da lugar al optimismo".
En las crisis financieras siempre se pierde la confianza del público en las entidades bancarias. En el origen de dichas crisis, que afectan los depósitos del público, ha estado siempre el deterioro de intermediarios financieros manejados imprudentemente, bien sea por excesiva exposición al riesgo o por no cumplir con las normas establecidas por las autoridades encargadas de la vigilancia financiera.
Muchos de ustedes, dada su formación, posiblemente trabajen en el futuro en el sector financiero. Por favor no vayan a cometer estos errores, ni dejen que otros los induzcan a eso. He visto cómo se destruye el futuro profesional de personas jóvenes por dejarse halagar de las malas compañías. Busquen siempre buenas compañías. Entre tener malas compañías y quedarse solos, es mejor estar solos.
Al meditar sobre qué parte de mi experiencia profesional sería interesante compartir con ustedes, llegué a la conclusión que debía referirme a los tiempos difíciles. He sido testigo de excepción de dos de las tres grandes crisis bancarias del siglo pasado en Colombia. La del período 1982-1986, y la de los años 1997-2000.
El detonante de la crisis del período 1982-1986 fue la solicitud de México en agosto de 1982 de aplazar los pagos de su deuda externa, hecho que desató la crisis de la deuda Latinoamericana en todos los países de la región. Simultáneamente en Colombia se vivía una difícil situación económica, al término de la bonanza cafetera de la segunda mitad de los años setenta. A finales del año de 1983, varias de las empresas importantes de Colombia enfrentaban serias dificultades para atender el pago de sus deudas, las cuales estaban en su mayoría denominadas en dólares.
En el año de 1985, el Banco de Bogotá y sus filiales en el exterior estaban sufriendo el impacto de los efectos de la refinanciación de la deuda Latinoamericana y de las obligaciones en moneda extranjera de importantes empresas colombianas. En el período anterior a la crisis los bancos corresponsales extranjeros nos invitaron a participar en préstamos sindicados de corto y mediano plazo a los gobiernos de los países de Latinoamérica, suministrándonos los fondos en dólares para dicha participación.
Fue un gran reto para todos los que teníamos la responsabilidad del futuro del banco: accionistas, junta directiva y administración, conseguir la reprogramación de la deuda externa del banco con los bancos corresponsales, para adecuarla a los nuevos plazos que nos habían obligado a otorgar en los préstamos a los gobiernos de Latinoamérica. El ambiente era de serias dificultades de financiamiento externo para el país; la banca extranjera lo único que quería era reducir su exposición en Colombia, dado el incumplimiento de la mayoría de los países latinoamericanos en los pagos de la deuda externa.
Un factor clave que permitió concluir con éxito este proyecto fue la claridad y transparencia con que se presentó la situación financiera del banco, con todas sus fortalezas y debilidades del momento, a las autoridades de regulación de Colombia, E.U., Panamá y Nassau, de las cuales se requería obtener un sinnúmero de permisos que permitieran, una vez reprogramada la deuda, capitalizar las filiales en el exterior y darles la fortaleza financiera necesaria para salir adelante, como en efecto ocurrió. Fue un proceso largo y difícil para obtener la confianza de todas las autoridades de regulación que tenían que dar su aprobación final.
Una de las lecciones que les quiero transmitir de esta crisis que me tocó vivir es la de siempre obrar en base a la verdad, buscar soluciones imaginativas, nunca darse por vencidos, luchar, persistir, pedir la ayuda de Dios.
Como resultado de la crisis 1982-1986, un número importante de bancos fue oficializado o nacionalizado. En el año 1982, el porcentaje de capital de los bancos privados en el total del sistema bancario era de 75%. A junio de 1986 se había reducido a un 35%.
El Banco de Bogotá permaneció siempre como banco privado. Algo similar ocurrió en la crisis de los años 1997 a 2000, cuando fue necesario también oficializar o liquidar varios bancos del sector privado y del público.
Quisiera a continuación insistir en los valores y principios de que hemos venido hablando. Entre las distintas aproximaciones filosóficas a la ética, hay una que me atrae particularmente por su relevancia para la vida empresarial. Es la de la profesora Adela Cortina de la Universidad de Valencia, España, que se refiere a la ética como un tipo de saber de los que pretende orientar la acción humana en un sentido racional; es decir, pretende que obremos racionalmente. De acuerdo con Cortina, los modos de obrar racionalmente son dos: aprender a tomar decisiones prudentes, o forjar el carácter; y aprender a tomar decisiones moralmente justas.
Cuando hablamos de moral nos referimos a aquellas facultades del espíritu que nos impulsan a ser personas de bien, a decir siempre la verdad, a no utilizar medios indignos, al hábito de obrar bien. Escuchemos a Mahatma Gandi: "La moralidad es la base de todas las cosas y la verdad es la sustancia de toda moralidad".
La ética nos orienta en la formación del carácter. Como todos sabemos no podemos modificar nuestro temperamento, porque este depende de la constitución fisiológica de cada individuo. Lo que sí podemos y debemos es forjar un buen carácter que nos permita hacer buenas elecciones, tomar decisiones prudentes y ordenar las metas de nuestra vida de una manera inteligente. El carácter determina el destino de las personas.
Todos ustedes, como seres humanos, tendrán tiempos de adversidad como los que hemos descrito, en los cuales se pondrá a prueba su grandeza de ánimo y su coraje. Mientras más cultiven su carácter a través del trabajo, la perseverancia, la determinación y el respeto a las personas, más preparados estarán para enfrentar los tiempos de crisis. A su vez, los tiempos de adversidad les permitirán fortalecer más aún su carácter y corregir el rumbo de aquellos eventos, con relación a los cuales, no se tuvo el juicio más acertado al momento de tomar decisiones. No olviden que cualquier problema, por complejo que sea, siempre tiene solución, aunque no coincida con lo que uno prefiere.
Compórtense como personas de buen juicio, sean honestos, no le pongan zancadillas a sus compañeros de trabajo, no sean envidiosos, porque van a sufrir mucho, no dejen de estudiar permanentemente, nunca tomen decisiones contra su intuición que es una de las cualidades fundamentales de la persona humana, traten de mejorar al máximo su inteligencia emocional, no emitan juicios sin primero meditar a fondo lo que van a decir.
Nunca abandonen ni cedan en sus principios y valores, independientemente del costo aparente que ésta decisión pueda tener para ustedes en el plazo inmediato. En los momentos de adversidad y de confusión, que seguramente tendrán que afrontar en el transcurso de sus vidas, dejen que su alma decida por ustedes. Esta nunca se equivoca, porque al lado de ella está la mano de Dios.
Les aclaro que no he sido practicante religioso. Sin embargo, en los últimos años he aprendido a solicitar la ayuda de Dios y a pedirle que proteja a todos mis amores. También le pido su ayuda para que me permita algún día acercarme a la serenidad.
Les deseo de todo corazón que al llegar a la edad madura en su vida de trabajo, cualquiera sea el oficio que ustedes escojan, puedan apreciar con serenidad todo aquello que han contribuido a crear con su esfuerzo y dedicación, y se sientan orgullosos de haber servido bien a Colombia, de haber servido con honor, de haber amado a los suyos con lealtad.
Quisiera terminar citando de nuevo a Mahatma Gandi: "Los hombres de carácter intachable inspiran confianza con facilidad y automáticamente purifican la atmósfera circundante. Todos tus estudios serán en vano si al mismo tiempo no edificas tu carácter y logras la maestría de tus pensamientos y acción".
Muchas gracias. Que Dios los acompañe en su vida futura.
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