Esta región había quedado traumada por la década perdida de los 80-90, como consecuencia de las políticas de austeridad impuestas por el FMI durante la crisis de la deuda externa, desatada por el default mexicano de 1982, para salvar a los bancos comerciales internacionales.
En estos últimos años de bonanza impulsados por el aumento del precio de las materias primas, los principales países latinoamericanos saldaron sus deudas con el organismo financiero multilateral, que dejó de supervisar sus economías.
Pero la tormenta financiera ya ha comenzado a hacer estragos, sobre todo en Europa del Este, y amenaza a las economías emergentes golpeadas por la fuga de capitales, la devaluación de sus monedas y la desaparición del crédito.
Islandia, con una economía dependiente de sus bancos, que prestaron en el extranjero nueve veces su PIB, fue el primer país de Europa Occidental en recurrir al FMI en 32 años. El último país occidental que había tenido que recurrir a una ayuda del Fondo había sido Gran Bretaña en 1976.
Ucrania, con menos de dos décadas de capitalismo, ya se estrena con el FMI, con el que tiene pendiente un crédito de 16.500 millones de dólares.
Otro país del ex campo soviético, Hungría, endeudado en euros y en riesgo de moratoria, recibió el sí para un préstamo de 16.300 millones de dólares del FMI, que será acompañado por otro de 8.500 millones de dólares de la UE y otro del Banco Mundial de 1.300 millones de dólares.
El FMI también negocia préstamos a Pakistán y Turquía. Mientras tanto, América Latina, intenta evitar caer nuevamente en las redes del Fondo, a pesar de la fuerte devaluación de sus monedas.
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