La inflación aumentó al 5,2 por ciento en septiembre, debido al encarecimiento de los alimentos y los combustibles.
Aunque, los precios de las materias primas prácticamente han descendido a la mitad del precio que tenían a mediados de año, lo que abarató muchos productos de consumo.
Además, la economía británica, que se contrajo un 0,5 por ciento en el trimestre anterior, seguramente se retraerá más en el actual, lo que equivaldría a una recesión en términos técnicos: dos trimestres consecutivos de crecimiento negativo.
La contracción económica mermará el apetito de la gente por bienes de consumo, ocasionando una caída de los precios.
Si el Banco de Inglaterra no reduce sus tasas de interés, existe el riesgo de que la inflación se transforme en una deflación, lo que podría tener consecuencias catastróficas para la economía ante la renuencia de los consumidores a gastar.
Publicidad