Estos dos frentes implican la necesidad de que el mundo empiece a prensar en serio en lo que sería una segunda revolución verde.
Así se plantea ya en el mundo científico, bajo la implicación de ofrecer más comida a más gente, la urgencia de saber cómo hacer las cosas mejor sin caer en los errores de la primera revolución verde y sin poner en peligro la sostenibilidad ambiental, teniendo en cuenta que prácticamente se cuenta con la misma superficie cultivable traducida en 1.500 millones de hectáreas de suelos adecuados y de otras 3.500 millones de hectáreas cubiertos de pastos y llanuras.
Para dar un solo ejemplo de la enorme demanda sobre el sector agrícola, solo China dobló su consumo de carne en apenas 15 años. Y para producir un solo kilo de carne, se requieren 7 kilos de granos.
Solo en Estados Unidos las dos terceras partes de la superficie agrícola, se dedica a la producción de granos y forrajes para la alimentación animal.
Cómo será la segunda revolución verde
A diferencia de la primera, cuya misión era subir los rendimientos por hectárea, acompañadas de muchos tractores, plaguicidas y mejores semillas, la versión dos cubriría ámbitos como la producción de materias primas para biocombustibles y sustitutos de productos petroquímicos y por bioquímicos.
El profesor alemán y director científico de la compañía Bayer Cropscience, Friedrich Berschauer, asegura que la empresa concentra sus esfuerzos en investigación orientada a doblar la producción de arroz en Asia, de aquí al 2017.
En Brasil, el mayor productor de biocombustibles, la compañía Syngenta entregara en el 2009 un paquete tecnológico para aumentar los rendimientos de la caña en 15 por ciento.
La compañía Dow Agrosciences ha obtenido progresos en la producción del aceite de canola.
La química verde
Paralelamente a la biotecnología agrícola, marcha otra corriente científica relacionada con la que se ha empezado a llamar la química verde. A través de ella se busca obtener de los vegetales muchos principios activos químicos que antes se obtenían del petróleo para la producción de productos farmacéuticos, cosméticos, y plásticos entre otros.
Solamente en este campo, en Estados Unidos se han regitrado 618 patentes, frente a un total de 990 de la petroquímica tradicional.
Un informe a consideración del Congreso estadounidense plantar la necesidad de estimular una mayor investigación de las universidades y el sector privado, mediante donaciones y estímulos tributarios.
Las inversiones en empresas de investigación de biobases, ya alcanzan en este país los 8.000 millones de dólares, según el mismo informe.
Empresas como BP y DuPont, trabajan en la fabricación de butanol, un alcohol más poderoso que el etanol, mediante la fermentación de azucares ayudados con la famosa bacteria E.Coli, la misma que tantos estragos ha causado en la salud humana.
Promueven los jóvenes científicos
En este nuevo mundo verde aparece en primer plano el trabajo de jóvenes científicos en las universidades. La Universidad de la Florida, aun sin que se haya usado en E.U., vendió la primera patente para la producción de etanol de la celulosa obtenida de residuos de madera sobrante en la industria de la construcción, al Japón. En esta materia fue pionera con la invención de celunol.
Gano recientemente una donación de US$500 millones para sus investigaciones biotecnológicas. Su rector es uno de los mejores pagos en el país, con un salario anual superior a los 700.000 mil dólares, no muy distinto al que perciben algunos de los especuladores de Wall Street.
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