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Domingo 27 de Mayo de 2012

Integrar el manejo de crisis con estrategias efectivas de crecimiento

Los gobernantes se enfrentan actualmente a la 'tormenta perfecta': al derrumbe financiero en las economías industrializadas que se ha esparcido a los sectores reales, causando un declive global.

Esto ha golpeado a las economías emergentes en un momento en el que, irónicamente, estaban mejor preparadas que nunca en términos de manejos económicos prudentes.

Desafortunadamente, la crisis es de una magnitud sin precedentes. Para las naciones en desarrollo más pobres, llega después de un año en el que los precios de los alimentos, y luego el de los combustibles se incrementaron de manera precipitada, provocando carencias, especialmente para los grupos más vulnerables de la población.

A juzgar por el estado actual de la situación, se espera que en el 2009 exista un crecimiento lento o, en realidad negativo, según las proyecciones para lo países ricos, y por ende, que el impacto sobre las economías emergentes sea dramático.

El desafío para los ministros de finanzas será significativo en cuanto al manejo de las dificultades de la crisis a corto plazo y en cómo mantener al mismo tiempo las condiciones para el crecimiento a largo plazo.

En el panorama inmediato, los gobernantes deberán incrementar el gasto sobre redes de seguridad para proteger a los más pobres, mientras éstos batallar con el aumento en el precio de los alimentos, la pérdida de prospectos de trabajo y la merma de la demanda global de importaciones.

A esto puede agregarse la actual preocupación de financiamiento inadecuado para los diversos mercados, la preocupación por refinanciamientos corporativos a corto plazo y problemas potenciales con los bancos como consecuencia de la pérdida de valor en los mercados de valores, así como una disminución de líneas de crédito en los principales bancos en un intento por conservar la liquidez.

Puede esperarse que la respuesta normal sea hacer uso de recursos fiscales -como proveer financiamiento a los exportadores, sostener la recapitalización de los bancos, sustituir la caída esperada en la entrada de capital privado-, especialmente aquel destinado a infraestructura o aportar más para programas de seguridad seleccionados.

La extensión y la duración de los programas adicionales de gobierno dependerán de la recesión en los países ricos y la velocidad con la que se regrese a la normalidad en los mercados financieros.

Bajo las circunstancias actuales, uno de los posibles riesgos es que el declive global pueda provocar nuevas formas de proteccionismo.

Otro de los riegos deriva de que los países de la OCDE están recurriendo a varios tipos de garantías para sus entidades financieras, lo que podría desplazar de los mercados de capitales a los prestatarios de mercados emergentes.

Entonces, ¿qué deben hacer los gobiernos prudentes bajo estás circunstancias excepcionales? Proteger a los pobres es una prioridad, porque a medida que los hogares cruzan la línea de la pobreza o descienden aún más en ella, las posibilidades de recuperarse se reducen de manera dramática. Esto lo sabemos por investigaciones que ha realizado el Banco Mundial en América Latina.

Preparar la economía para su recuperación es una inversión sensata, ya que solamente aquellos que estén preparados podrán aprovechar la recuperación esperada para el 2010.

Esto significa inversiones continuas en la facilitación de comercio y logística, por ejemplo. Y, para aquellos países que cuenten con espacio fiscal, los incrementos temporales en el gasto podrán favorecer a la demanda doméstica; sin embargo, deberán ser reversibles para ser consistentes con una buena administración macro.

Finalmente, la efectividad de los mismos gobiernos jugará un papel en capear la tormenta. El gobierno efectivo fue identificado por la Comisión de Crecimiento y Desarrollo independiente (www.growthcommission.org) como indispensable para el alto crecimiento sostenido y el incremento en el bienestar. Un ingrediente clave para el gobierno efectivo es mantenerse pendiente del largo plazo, manteniendo principalmente una inversión fuerte en capital humano y físico, procurando que las ganancias de ese crecimiento sean compartidas ampliamente.

Las demandas a corto plazo sobre el gobierno pondrán esta determinación a prueba.

Los funcionarios deberán decidir entre varias prioridades fiscales y escoger con sabiduría aquellas que ayuden a proteger a la población y que al mismo tiempo sienten las bases para la recuperación, y, de manera más importante, que estas elecciones sean consistentes con estrategias de crecimiento a largo plazo.  

Publicación
portafolio.co
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
5 de diciembre de 2008
Autor
Danny Leipziger. Vicepresidente Sector de Reducción de Pobreza y Manejo Económico, Banco Mundial

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