Por tercer año consecutivo, empresarios y trabajadores no lograron llegar a un acuerdo sobre el incremento del salario mínimo.
Tras una reunión informal en la Andi, donde las centrales obreras redujeron del 14 al 12,5 por ciento sus pretensiones y los empleadores aumentaron su oferta del 6,5 al 7 por ciento, el ministro de la Protección Social, Diego Palacio, decidió hablar con las partes por separado.
Sin embargo, los industriales no volvieron a la mesa de la Comisión de Concertación. "Un ofrecimiento del 7 por ciento no es mezquino. Esa es nuestra oferta final, pues es lo máximo que resiste el comportamiento económico del 2009", explicó a su salida del Ministerio el presidente de la Andi, Luis Carlos Villegas.
Como el 15 de diciembre era la fecha límite para alcanzar un consenso, el balón está ahora en el campo del Gobierno, que definiría el ajuste del mínimo por decreto, antes del 31 de diciembre.
Es muy probable que de aquí al viernes, día en que la junta del Banco de la República se reunirá por última vez este año, el Ejecutivo no haya tomado una decisión.
Por eso, aunque cada vez son más los analistas que consideran que al Emisor le llegó la hora de bajar las tasas de interés, la mayoría de expertos piensa que aún no es prudente dar ese paso.
Lo será, dicen, cuando se sepa qué tanto subirá el salario mínimo el año entrante, dato clave para el cumplimiento de la meta de inflación del 2009 y, en consecuencia, para las políticas del banco central.
Las encuestas sobre su tasa de interés, que sirve de guía para el resto de tasas de la economía, se inclinan porque el viernes se mantendrá en el nivel actual: 10 por ciento.
Si la remuneración básica sube mucho, se afectan los demás precios de la economía y se reduce la flexibilidad del Banco, que para el año entrante se comprometió a bajar el costo de vida del 7,5 por ciento -con que espera termine el 2008- al 5 por ciento.
Para lograr su cometido, el Emisor usa -entre otras herramientas- las tasas de interés. Si los precios suben mucho, aumenta las tasas para reducir el consumo y viceversa.
Pero justamente la necesidad de reactivar el consumo de los hogares y las empresas, con el fin de enfrentar la desaceleración que se prevé para el año entrante, es el principal argumento de quienes piensan que los siete codirectores del banco central, entre los que se encuentra el Ministro de Hacienda, deben bajar las tasas a 9,75 por ciento este mismo viernes.
Franz Hamman, gerente de investigaciones económicas del Citibank, señala que las comunicaciones del Emisor han reiterado que si veían una caída en las expectativas de inflación considerarían oportuno reducir las tasas.
Los sondeos con bancos, comisionistas y fondos de pensiones realizados por el Banco de la República muestran que estos prevén que la inflación del 2009 será de 5,36 por ciento, un poco por debajo del máximo previsto por el Emisor (5,5 por ciento).
Por el contrario, Corredores Asociados considera que las tasas de interés no se moverán. Su argumento es que a la junta del banco central le falta información, no solo en lo que atañe al salario mínimo, sino también en variables clave, como la inflación sin alimentos, que mide si la política monetaria es realmente efectiva, pues no incluye los vaivenes de los precios de la comida, relacionados con factores imposibles de controlar, como el clima.
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