En la ceremonia de entrega de los Premios PORTAFOLIO 2008, el presidente Uribe reconoció que empiezan a preocuparle las perspectivas del recaudo de los impuestos. Habló de la posible baja (no en la tarifa, claro, sino del recaudo) del IVA , como consecuencia del menor ritmo de actividad económica prevista. Durante la celebración de los cincuenta años de Planeación volvió sobre el tema aliñándolo con una extraña tesis sobre el impuesto a la gasolina.
Las malas noticias vendrán no solo de los tributos a los consumos sino del impuesto a la renta. Hay que recordar que las rentas nacionales fueron calculadas en el presupuesto del 2009 sobre la base que el país crecería al 5% cuando ya se sabe que yéndonos bien no habrá un crecimiento superior al 3%. El presupuesto del 2009 no solo está montado sobre la base de un crecimiento económico demasiado optimista, sino que allí se calcula que el impuesto a la renta crecerá a la sorprendente tasa del 18,9%. ¿Dónde va a generarse una dinámica tan espectacular en el imporenta cuando lo único que se ha dado son exenciones, descuentos, privilegios, y minoraciones sectoriales de toda índole al pago de este tributo? La sola deducción del 40% por la adquisición de activos reales tiene un costo fiscal de $ 3,1 billones de pesos, según lo revela el documento 'Marco Fiscal de Mediano Plazo-2008'.
El impuesto a la renta que debería ser el tributo más progresivo se ha convertido en un verdadero colador lleno de perforaciones. Es el resultado de las gabelas otorgadas a manos llenas durante las dos administraciones Uribe a unos cuantos sectores privilegiados.
Lo que está obligando al sistema tributario a recostarse más y más sobre los impuestos a las nóminas y consumos.
El riesgo de esta caída previsible en los recaudos el año entrante puede dar vía libre también a la tentación de manipular indebidamente la política tributaria. Como ya empieza a suceder.
El Gobierno anuncio que, a pesar de que el precio al detal en las gasolineras debería bajar aún más por la estrepitosa caída de las cotizaciones internacionales, no se le dejará caer del nivel actual, pues se perderían importantes ingresos fiscales.
Esto en buen romance significa elevar subrepticiamente los impuestos a los combustibles. Y renunciar (cuando existen las condiciones ideales para hacerlo) a liberar los precios de la gasolina. Que era un ideal fiscal que se venía buscando desde hace una década y que ahora, por la descolgada del precio del crudo, se hace posible.
A partir del 2010 no habrá necesidad de pagar el abultado subsidio a los combustibles que se viene reconociendo. Esto abrirá un importante margen para más inversión complementaria en infraestructura. Pero para alcanzar ese plausible objetivo no se necesita ni se justifica elevar desde hoy los impuestos a los consumidores de gasolina. Esto, de formalizarse, no sería más que una marrulla tributaria de dudosa ortografía jurídica.
En las circunstancias actuales tendría toda la lógica del mundo un mayor gasto público presupuestal de carácter anticíclico para apoyar la recuperación económica. Pero para hacer eso se requeriría haber ahorrado en las épocas de 'vacas gordas' para gastar los excedentes en las de 'vacas flacas'. Tal como lo están haciendo por estos días Chile o Perú. Infortunadamente tal cosa no se hizo en Colombia.
Por lo tanto, si va a haber menores recaudos de impuestos en el 2009 (y si como con buen juicio ha dicho el Ministro de Hacienda no se quiere que el déficit exceda el 3% del PIB) solo hay una de dos fórmulas para lograr esa cuadratura del círculo fiscal: o subir impuestos -lo cual no parece lógico en la coyuntura actual- o que el Gobierno acepte que es necesario reducir el programa de gastos públicos que trae.
jotacrestrepo@yahoo.es
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