En diciembre los seres humanos se reconcilian con la vida y abren las puertas a Dios y al amor. Hay destellos de alegría, crece la solidaridad, se comparte en familia y somos más sensibles.
Aunque reinen el consumismo y lo superfluo, la Navidad saca lo mejor de muchas personas. Así es si imitas a los personajes que dieron lugar a una tradición con magia: Jesús, José y María: Jesús nace en un pesebre, te enseña humildad y te invita a compartir con los empobrecidos. María te inspira para confiar en Dios y actuar como ella lo hizo: con total disponibilidad. José te dice que un ser justo hace la voluntad de Dios, aunque ésta se muestre incomprensible. Navidad es caminar en el bien y la verdad como ellos, y llenar de amor cada espacio y cada instante, sobre todo en el hogar. Mira bien un pesebre, ve más allá de lo aparente y recibe valiosas lecciones: imagina el verdadero pesebre que no era lindo, sino una cueva maloliente, sucia e insufrible. Piénsalo y aprecia en toda su profundidad el sublime gesto de amor de Dios en Jesús: es rico y nace pobre, es poderoso y se hace débil, es el rey y nace como un mendigo. Una de las sabias enseñanzas de la Navidad pone de relieve una virtud escasa: la humildad. Esa que te ennoblece cuando desinflas el ego, no te jactas, eres sencillo y no desprecias a los otros. Según los sabios, detrás de todos los males está el orgullo. ¿Qué quieres hacer para ser más humilde? Cuando eres sencillo pides perdón, perdonas, dialogas, cedes y das lo mejor de ti. La Navidad es feliz si irradias tu luz con el amor, la entrega y la generosidad. Recuerda a tantos seres que han iluminado tu vida, sobre todo en los días aciagos. Da gracias por una mano amiga, un consejo oportuno, una ayuda generosa y tantos gestos de auténtico amor. Piensa en los seres que te han sostenido y orientado como ángeles en tu caminar. Valora los detalles aparentemente insignificantes y cambia las quejas por una gozosa gratitud. El espíritu de la Navidad es ir a la esencia de la vida con cinco pasos: 1. Sana tu pasado. Un perdón generoso borra las culpas y el rencor, y te saca de una prisión emocional.
Elige estar sereno, descarga el peso del ayer, cicatriza viejas heridas y reconcíliate. 2 Sé agradecido: cuenta tus bendiciones y destierra las quejas, porque aún con problemas eres un privilegiado. Dar gracias te colma de gozo y al contar tus dones le haces un conjuro al inconformismo. 3 Date y da sin esperar recibir.
Así, amas de verdad como te ama Dios que es don gratuito. No te dejes hipnotizar por lo material, ya que tu mejor regalo para los otros no se compra y es tu amor. 4. Crece en aceptación paciente y en desapego para disfrutar de paz interior. 5 Vive en sintonía constante con Dios con una fe de buenas acciones. Haz-lo y tu alegría será perdurable.
oasisggg@uniweb.net.co
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