Estados Unidos puede contar en el 2009 otros millones de personas sin trabajo que, sumados a los 2,6 millones de empleos perdidos en el 2008 -cifra inédita desde 1945-, situarían las tasas de desempleo en el 9 por ciento de la población activa, algo inédito en el último cuarto de siglo.
Las ilusiones generadas por Obama pasan, por tanto, por conservar al menos lo que se tiene, y de ahí que el presidente electo haya hecho énfasis recientemente en la puesta en marcha de un plan específico para la creación o mantenimiento de al menos tres millones de puestos de trabajo, en el marco de un programa para defender a la clase media.
"Mi Administración estará completamente comprometida con el futuro de las clases media y trabajadora de Estados Unidos. Estarán en el centro y serán la prioridad de nuestro trabajo en la Casa Blanca", destacó Obama.
El futuro vicepresidente del país, Joe Biden, dirigirá ese equipo, formado entre otros, por los secretarios de Trabajo, Salud, Educación y Comercio, que moverá un plan de estímulo a la economía dotado con 700.000 millones de dólares de inversiones, un ingente esfuerzo sin parangón en la historia del país, que ha sido bautizado por la prensa como el 'New Deal del siglo XXI', en recuerdo al que puso en marcha Franklin D. Roosevelt tras la Gran Depresión de 1929.
El programa prevé ingentes inversiones en infraestructuras, nuevas tecnologías y energías alternativas. Además de construir carreteras y puentes, el gobierno de Obama pretende remozar los edificios públicos para hacerlos más eficientes en el consumo de energía, y sobre todo extender el uso de Internet, ya que Estados Unidos ocupa el puesto número 15 entre los 30 países más industrializados en el acceso de sus ciudadanos a la banda ancha.
También se potenciarán la conciliación del trabajo y la vida familiar, la protección de los ingresos de las familias medias, y la expansión de las oportunidades educativas.
Apoyo no es incondicional
Así mismo, se espera en el terreno económico que la nueva administración de Obama continúe con el plan de Bush para ayudar 'los tres grandes de Detroit', las empresas automovilísticas General Motors (GM), Chrysler y Ford, atrapadas en la crisis financiera y de consumo que asola a la economía.
El presidente electo se comprometió públicamente a apoyar el plan de ayudas por valor de 17.400 millones de dólares a la industria del automóvil que anunció Bush, aunque Obama ya dio muestras de la firmeza de su carácter el pasado 19 de diciembre, cuando explicó que "la paciencia del público estadounidense se está agotando", al advertir a 'los tres grandes de Detroit' que deben "aprovechar esta oportunidad para presentar un plan sostenible" de viabilidad, que no se base exclusivamente en sacrificios de sus trabajadores.
Otros retos económicos
Otra de las máximas preocupaciones del equipo económico de Obama es la de fortalecer el sistema regulador de la economía mediante una reforma exhaustiva, para lo cual se intentarán unificar los sistemas de control, repartidos ahora en diversas agencias que regulan la estructura financiera del país. También reformará el sistema sanitario.
"Los costes disparados de la sanidad están castigando a las familias y las empresas de todo el país. Nos encontramos en un camino insostenible y eso tiene que cambiar", dijo Obama.
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