El informe del Departamento de Trabajo puso de manifiesto las consecuencias de la recesión que se profundiza, tanto como la ardua tarea que enfrenta el presidente electo Barack Obama para reanimar una economía paralizada.
El promedio mensual del desempleo el año pasado fue del 5,8 por ciento, frente al 4,6 por ciento en el 2007 y fue el mayor desde el 2003.
Aunque los economistas pronosticaron una tasa de desempleo mayor en diciembre (en torno a unos 550.000 parados) la destrucción de empleo tanto en octubre como en noviembre fue mayor que la calculada anteriormente. Las cifras revisadas indicaron que las firmas eliminaron 584.000 posiciones en noviembre y otras 423.000 en octubre.
Las pérdidas de empleo fueron generalizadas en diciembre. Las empresas de construccción redujeron 101.000 empleos, mientras las fábricas eliminaron 149.000. Los servicios profesionales y financieros eliminaron 113.000 y los comercios detallistas casi 67.000.
Las de entretenimiento y hostelería prescindieron de 22.000. Ese desangre laboral no pudo compensar los aumentos en el sector de la enseñanza, cuidados médicos y los empleos públicos.
Las empresas se han lanzado a una reducción de costos para compensar la retracción del gasto de los consumidores en Estados Unidos y en otros países, que encaran sus propios problemas económicos.
Los trabajadores que pudieron conservar sus empleos tuvieron modestos aumentos salariales. El salario promedio horario aumentó a 18,36 dólares en diciembre, un alza del 0,3 por ciento frente al mes anterior.
Los economistas habían pronosticado un aumento del 0,2 por ciento. En el año, los salarios crecieron 3,7 por ciento, aunque el encarecimiento de los precios energéticos y alimentos hicieron sentir a los consumidores que habían perdido poder adquisitivo.
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