Durante años, mientras los consumidores en buena parte del mundo desarrollado abrían sus billeteras para comprar todo tipo de productos, los especialistas insistieron en la moderación. Quizás en ningún otro sitio fue ese llamado tan evidente como en Estados Unidos, en donde la tasa de ahorro fue prácticamente cero durante toda una década.
Pero ahora las circunstancias han cambiado. Como consecuencia de la fuerte crisis económica, la austeridad está de vuelta a niveles que parecían imposibles hasta hace poco. Debido a ello, la tasa de ahorro llegó a 2,8 por ciento en noviembre, mientras que la cartera de préstamos de consumo cayó en 7.900 millones de dólares solo en ese mes. Las encuestas muestran que incluso aquellas personas que no están en peligro de perder su empleo se están apretando el cinturón.
La gran ironía es que ahora la preocupación es que el péndulo osciló demasiado para el otro lado. Dicho de otra forma, tanta moderación está profundizando la recesión en el sector productivo, pues si la gente no se endeuda, ni cambia de carro o de televisor, el efecto agregado es negativo.
Así quedó claro ayer después de que el Gobierno estadounidense informó que las ventas al detal en diciembre pasado cayeron 2,7 por ciento frente al mes previo y 9,8 por ciento en comparación con el mismo mes del 2007. El descenso no solo fue más del doble del que habían esperado los analistas, sino que impactó a todos los sectores.
Como resultado, ahora la discusión se centra en la manera de parar la bola de nieve. Si bien es cierto que el modelo previo de 'vivir al debe' tenía mucho de perverso, tampoco es bueno que los gastos se limiten a solo lo necesario. Tal como reza el dicho popular, 'bueno es culantro...'.
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