Hace apenas meses habría sido una herejía. Pero por cuenta de la crisis que tiene postrado al sector financiero en los países más ricos, ya han comenzado a subir de tono las voces que dicen que la única salida posible a la encrucijada que viven algunos bancos es la nacionalización total. Dicha decisión acabaría de un plumazo con la incertidumbre que ha hecho estragos en los mercados, cada vez que se anuncian más números en rojo por parte de entidades que poco tiempo atrás parecían inexpugnables.
Así quedó demostrado esta semana después de que las pérdidas del Bank of America y del Citigroup en Estados Unidos generaran una nueva oleada de nerviosismo, que no hizo más que crecer cuando las tres principales instituciones de crédito de Gran Bretaña tuvieran que acudir al Gobierno a solicitar todavía más oxígeno para seguir operando.
Aunque a primera vista una decisión en ese sentido sería sencilla, pues se trata de completar un proceso que ya comenzó, el tema tiene mucho de largo y de ancho. Para comenzar, significa abandonar décadas de política consistente en dejarle al sector privado todo el espacio en ese ramo y comenzar a gestionar directamente compañías todavía descomunales a través de administradores públicos. En segundo término la decisión implicaría más fondos públicos, después de que los niveles de déficit en Norteamérica y Europa han sobrepasado los niveles que aconsejaba la prudencia.
Pero a pesar de esas advertencias, hay casos de relativo éxito, como el de Colombia, donde las medidas adoptadas la década pasada costaron mucho menos que lo estimado. Por eso, hay quienes sostienen que en este caso hay que aplicar el refrán que dice que 'a grandes males, grandes remedios'.
Publicidad