Como si las preocupaciones que tiene el Gobierno no fueran suficientes por cuenta de la crisis económica mundial y de los temas propios de la realidad colombiana, existe un nuevo tema en la lista de inquietudes. Se trata del costo de la de energía eléctrica que en el 2008 tuvo un salto del 18 por ciento según el Dane y que podría seguir al alza en los próximos meses, debido a las realidades particulares del sector. Esa perspectiva puede sonar rara para algunos, si se tiene en cuenta el debilitamiento de la demanda de energía y el hecho de que el país acaba de salir de una fuerte temporada invernal, con lo cual las hidroeléctricas pudieron generar mucho más de lo previsto gracias a un 'combustible', el agua, cuyo costo es nulo. Bajo esa lógica, que comparte el Ministro de Minas y Energía, los precios del kilovatio deberían haber bajado y mantenerse moderados. Debido a ello, el funcionario amenazó con intervenir el nivel de las tarifas, una posibilidad que ha creado enorme preocupación entre las empresas del ramo.
Pero las cosas no funcionan así en una actividad en la que intervienen múltiples factores. La razón es que el esquema vigente está orientado a garantizar la disponibilidad del servicio. Todos los datos disponibles muestran que después del apagón de 1992 fue definida una senda para asegurar que haya oferta suficiente, incluso en épocas de sequía, y que las expansiones que se necesiten sean financiadas por las compañías que operan en esta área, sin que sea necesario acudir al presupuesto nacional. Una prueba de la bondad de ese sistema tuvo lugar a mediados del 2008 cuando en un proceso de subasta fueron definidos los proyectos que le garantizan el abastecimiento de energía al país, hasta bien entrada la próxima década. Como resultado, está asegurada en principio la provisión de unos 3.400 megavatios adicionales de capacidad, distribuidos en nueve centrales, con una inversión cercana a los 6.000 millones de dólares.
El único problema es que la seguridad tiene su precio. Debido a ello, hay unas garantías mínimas para los diferentes operadores, consistentes en cargos que salen del pago que hacen los usuarios de su factura mensual, con lo cual hay una especie de piso tarifario ya definido. A lo anterior hay que agregarle que generar energía en Colombia está resultando más costoso, por más contradictorio que parezca, ante la abundancia de agua. La razón es que se ha venido estrechando la brecha entre la capacidad de generación y la demanda, con lo cual hay que hacer un uso más intensivo de las plantas térmicas, movidas por gas o carbón.
Estas, a su vez, han visto subir sus costos debido a la disparada en las cotizaciones internacionales de los combustibles, cuya descolgada no ha llegado al país, pues los valores del gas se revisan cada seis meses. Como si todo eso no fuera suficiente y a pesar de la intensa actividad exploratoria, hay un cuello de botella en la disponibilidad de este insumo que también ha impulsado hacia arriba el precio del kilovatio.
Un primer campanazo sonó el año pasado, pero ahora parece que el ruido será más fuerte. Todo por cuenta del vencimiento de buena parte de los contratos de compra de energía por parte de las electrificadoras que se encargan de distribuir la luz. Según conocedores del tema y para no entrar en demasiados tecnicismos, el alza por parte de las generadoras puede llegar al 30 por ciento en el 2009. Como ese factor constituye casi una tercera parte del valor de la tarifa que se le cobra al usuario, es previsible que la cuenta vuelva a subir otra vez por encima de la inflación, justo cuando la economía está de capa caída.
Así las cosas, la tentación del Gobierno es la de poner a las compañías del sector en cintura y evitar las alzas. Y aunque ese es un propósito loable, el peligro es que un cambio abrupto en las reglas de juego lleve a que los proyectos que deben ser construidos no se hagan. En respuesta, alguien dirá que las firmas comprometidas han suscrito garantías, pero en el mundo de hoy hay quienes prefieren perder una manga y no la camisa entera. Por tal motivo, el Ministerio debería estudiar el tema con calma y sin apasionamientos para defender a los usuarios y tomar medidas razonables, pero sin olvidar ese precepto que dice que la energía más cara, es la que no se tiene.
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