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Miercoles 15 de Febrero de 2012

Cómo educar el apetito a través de estrategias sencillas que ayudan a cuidar el peso

Los ataques de hambre que hacen imposible parar de comer son resultado de un proceso individual, no de necedad.

El hambre es una sensación que se inicia de modo imperceptible, pero que va in crescendo hasta llegar a un nivel que supera la voluntad de dominarla. Partiendo de la base de que es una necesidad esencial para sobrevivir, cuando no se satisface en el momento en que saltan las señales de alarma del organismo, el hambre se cronifica y la intensidad de la sensación también hasta llegar a un momento de postración.

Esto es consecuencia del contraataque de las reservas alimenticias para contrarrestar la ausencia de ingesta. Es obvio que si no se come al cabo de varios días las reservas se agotan y la falla generalizada de los órganos no tardará en llegar.

Rutina consolidada

Sin caer en extremos, un análisis de los ciclos de hambre lleva a la conclusión de que ésta únicamente sirve de aviso para comer. Aparece pasado un cierto tiempo desde la última ingesta y de acuerdo con una rutina consolidada al cabo de los años.

El hambre varía su intensidad de acuerdo con la capacidad para llenar el estómago. Cuanto más tiempo ha pasado desde la última comida más hambre, pero esta regla no es universal y su aplicación depende de latra vigilia y el ritmo de actividad.

De acuerdo con la nutricionista Adriana Botero, cada metabolismo es diferente (esta es la velocidad a la que funciona el organismo) y tiene que ver tanto con factores genéticos como emocionales y con el manejo de hábitos alimenticios.

Si se toma como referencia la secreción -controlada por el cerebro- de algunas hormonas a lo largo del día, ésta es desigual.

El nutricionista y bioquímico Mariano Alemany, catedrático de la Universidad de Barcelona, recuerda en su Manual de las dietas y la nutrición que las cantidades máximas y mínimas de secreción están ajustadas a un ciclo único de actividad que hace que la capacidad de respuesta, tanto física como intelectual, coincida con la máxima actividad durante el día, que suele ser al mediodía o al final de la tarde.
Este ritmo de actividad tiene que ver con el reloj biológico.

Hambre y apetito, diferentes

El ritmo de las comidas influye en la sensación de hambre. Una vez cubierta esta necesidad, en ocasiones no es suficiente. Por ejemplo, a una persona que asegura haber quedado satifecha después de la cena, le ofrecen un postre y, a pesar de no tener hambre, su apetito se despierta y acepta el ofrecimiento.

Según Alemany, las sensaciones de hambre y apetito pueden coexistir y reforzarse, aunque hasta cierto punto, porque los criterios de ingesta energética derivados del hambre son prioritarios sobre los del apetito.

Tanto el hambre como el apetito se pueden controlar. Para la nutricionista Adriana Botero hay estrategias para hacerlo, como buscar alimentos que tienen sabor y no calorías: apio, zanahoria, tomates cherry y bebidas y gelatina de dieta. En los restaurantes, picar elimina la sensación de hambre.

La psicología recomienda evitar el consumo excesivo de alimentos dilatándo las comidas. Por ejemplo estableciendo rituales que hacen perder tiempo entre bocado y bocado; contar mentalmente el número de veces que se mastica un trozo de comida; dejar los cubiertos sobre la mesa cada vez que se llena la boca y no volverlos a coger hasta se ha producido la deglución.

Publicación
portafolio.co
Sección
Economía
Fecha de publicación
23 de enero de 2009
Autor

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