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Miercoles 15 de Febrero de 2012

Un año preelectoral

Se vive y se siente. Por todas partes asoma ya que Colombia está en un año preelectoral. Y no sólo se trata de la cada vez más evidente intención del presidente Álvaro Uribe de buscar un tercer mandato, que muchos creen quedó en claro cuando en diciembre convocó a sesiones extras del Congreso para salvar el proyecto de referendo reeleccionista. Es que ya hay varios aspirantes dedicados a visitar ciudades y pueblos. El ex alcalde de Medellín Sergio Fajardo, el jefe de Cambio Radical Germán Vargas, los liberales Rafael Pardo, Alfonso Gómez Méndez y Rodrigo Rivera, y los polistas Lucho Garzón y Gustavo Petro, andan de gira y si bien no oficializan sus deseos, están hablando como candidatos.
En el gabinete las aguas también se mueven. El ministro de Agricultura, Andrés Felipe Arias, envió ya una clarísima señal con respecto a sus intenciones: atacó, directa o indirectamente, a todos los demás presidenciables, tanto a los uribistas como a los opositores. El titular de Defensa, Juan Manuel Santos, guarda un silencio táctico, pero en su círculo íntimo todos dicen que prepara su retiro para quedar habilitado con miras a las elecciones de 2010. Por los lados de la embajadora en Londres, Noemí Sanín, aunque su inhabilidad sólo opera seis meses antes de los comicios, algunos de sus amigos ya están dedicados a mirar encuestas y a borronear propuestas.

Nadie debe extrañarse entonces de que, en cuestión de dos o tres meses, haya en el escenario entre diez y doce precandidatos, peleándose los micrófonos y brincando de una región a otra para reunirse con líderes locales, conocer de primera mano los problemas y hacer las promesas de rigor. Todo esto es bueno. De eso se trata la democracia. Y entre más opciones y más variadas sean, mejor, porque entre otras cosas esa emulación es la que permitirá que los electores valoren a cada uno de los aspirantes y se vayan llenando de razones para tomar la decisión cuando se la hora de votar.

Pero todos los presidenciables deben tener en claro que su deber con esos electores es el de hacer planteamientos y propuestas que vayan más allá del monótono debate que ha caracterizado hasta ahora la precampaña y que gira de modo casi exclusivo en torno al tema de si Uribe buscará o no un tercer mandato, y de si conseguirá ganar el referendo. Así lo volvió a dejar en claro la noticia según la cual este declinaría sus aspiraciones si el uribismo se une en torno a un solo nombre.

Para bien o para mal, el tema de la reelección está por ahora en manos del Senado, que debe surtir dos debates más a la iniciativa, y luego de la Corte Constitucional, que debe avalar la convocatoria al referendo, y del pueblo mismo, que no sólo tendrá que decidir entre la opción 'Si' y la opción 'No', sino que, para darle validez al referendo, tendrá que completar más de 7.5 millones de votos efectivos en las urnas, sin contar los nulos ni los blancos. No tiene pues mucho sentido que quienes aspiran a suceder a Uribe sigan dedicados a hablar sólo de este asunto. Si quieren conseguir el favor de los ciudadanos, tendrán que ir mucho más lejos.

Los uribistas están obligados a hablar de algo más que de seguridad, pues en cierto modo los votantes dan por descontado que quienes militan en ese sector político mantendrán las tesis del actual mandatario. Como además, por cuenta de la crisis mundial, las preocupaciones de los colombianos tienden a ser cada día más las del bolsillo, deben demostrar que tiene propuestas económicas y sociales para generar inversión y empleo, y no sólo para bajar los indicadores de violencia. En cuanto a los opositores, lo primero que tendrán que hacer es despreocupar a la gente ante la posibilidad de que, si ganan, bajen la guardia en el tema de seguridad. Pero ellos, al igual que los uribistas, deben ir más a fondo y hacer planteamientos sólidos en materia de economía y política social.

Hasta ahora hay que decir que ninguno de los que aparece en el abanico se destaca por el despliegue de propuestas novedosas ni creativas. Casi todos los aspirantes están dedicados a atacar a sus eventuales contrincantes, a descalificarlos a punta de adjetivos. Claro que la precampaña apenas comienza. Pero desde ya los presidenciables deben saber que, si no elevan el nivel de la discusión, además de hacerle un gran daño a la democracia, difícilmente conseguirán convencer a los votantes de que merecen llegar a la Casa de Nariño.

Publicación
portafolio.co
Sección
Otros
Fecha de publicación
25 de enero de 2009
Autor

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