La producción real de la industria en noviembre de 2008 registró una caída del 13,3 por ciento en comparación con el mismo mes del 2007, y del 2,1 por ciento anual en el acumulado de doce meses. Un resultado similar no se observaba desde finales de la década pasada.
Es importante que la sociedad conozca el origen de esta situación y las acciones que plantea el Gobierno para superarla; por otro lado, es imperativo retornar a niveles de crecimiento industrial más saludables, que contribuyan al objetivo de crecer el Producto Interno Bruto de forma sostenida a tasas superiores al 7 por ciento anual.
En mi opinión, la caída de la producción industrial se explica por dos razones básicas: el deterioro de la dinámica del consumo, y la compleja coyuntura internacional.
Las cuentas nacionales muestran que el consumo final de los hogares ha perdido dinamismo; luego de aumentar a ritmos cercanos al 9 por ciento anual al comienzo del 2007, su crecimiento fue del 2 por ciento anual en el tercer trimestre del 2008, con relación a igual trimestre del 2007.
De igual forma, se confirma la desaceleración con el comportamiento de la cartera de consumo del sector financiero, que crecía a ritmos del 50 por ciento anual en los primeros meses del 2006, y en noviembre pasado lo hacía al 13 por ciento.
Es claro que si la demanda de bienes de consumo crece menos, las empresas empiezan a acumular inventarios, y se ven en la necesidad de ajustar la producción a la baja.
Hay al menos tres factores que están frenando la dinámica del consumo. El primero, y sin duda el más importante, es la política de altas tasas de interés que empezó a implementar la junta directiva del Banco de la República desde abril del 2006, con el objetivo de combatir las presiones inflacionarias que se detectaron en ese momento. Por esta vía se encareció la financiación tanto de empresas como de hogares y se desestimuló un mayor endeudamiento; en el caso de los hogares, su respuesta fue la disminución de las compras de bienes de consumo duradero (autos, electrodomésticos, muebles, etc.), como lo reflejan las cifras de crecimiento de la cartera de consumo.
El segundo, es el de las pirámides financieras. Aun cuando no hay una medición del fenómeno, se hizo evidente que gran cantidad de familias perdieron sus ahorros y se han visto forzadas a reducir sus gastos de bienes diferentes a los de primera necesidad.
El tercero, es el devastador efecto de los desastres ocasionados por el invierno. Gran cantidad de hogares perdieron sus patrimonios y vieron afectada su capacidad de compra.
Por su parte, en el frente internacional, hay dos hechos relevantes que están afectando la producción industrial: las restricciones en Venezuela y la crisis internacional.
Los cupos que impuso Venezuela a las importaciones de automotores impactaron notablemente a este sector en Colombia; mientras que en el 2007 se exportaron a ese mercado alrededor de 57.000 vehículos, en el 2008 llegaremos a un máximo de 16.000. Esta caída en las exportaciones no solo impacta la producción de las ensambladoras, sino la del sector de autopartes.
Con relación a la crisis internacional, hasta ahora su efecto ha sido marginal, pero sectores como el de las confecciones lo están sintiendo en mayor medida que otras producciones. La caída de la demanda de estos productos por parte de los consumidores de Estados Unidos, se suma a los problemas ocasionados por la competencia de China.
Como se ve, el entorno es muy complejo y hay fuerzas difíciles de controlar, como es el caso de la crisis internacional. En este último factor, cabe esperar que los extraordinarios esfuerzos que están haciendo los gobiernos de los países desarrollados y sus bancos centrales, logren moderar la magnitud y la duración de la recesión en la que se encuentran sus economías.
En cuanto a Colombia, hay varias acciones de política económica que buscan contener la desaceleración de la economía y minimizar sus secuelas sobre el empleo.
Un aspecto importante en este campo es el cambio de orientación de la política de la junta directiva del Banco de la República. Su decisión de bajar sus tasas de intervención de 10 a 9,5 por ciento, en diciembre pasado, da una señal clara a los mercados; con ella, la autoridad monetaria indica que las presiones inflacionarias han cedido, y que se abre un margen para bajar las tasas de interés y dar mayor liquidez a la economía.
A su turno, la política de transformación productiva es fundamental en la actual coyuntura. El objetivo es crear el entorno adecuado para el desarrollo de sectores nuevos y emergentes -como el software y los servicios tercerizados a las empresas- y el fortalecimiento de la competitividad de sectores ya establecidos. Tanto esta política, como las decisiones que se están adoptando para mejorar el entorno de los negocios -en concordancia con los diagnósticos del Doing Business-, tendrán repercusión en los costos de transacción de la economía, y ayudarán a las empresas a enfrentar el debilitamiento de la demanda.
Puesto que uno de los efectos de la crisis internacional es la reducción de los flujos de financiación, el Gobierno ha tomado dos decisiones para que en Colombia se disminuya su incidencia en la desaceleración de la actividad productiva.
De una parte, para Bancoldex se contrató un crédito por 650 millones de dólares con el BID, con el propósito inicial de atender, mediante redescuentos, las demandas de financiación de los empresarios afectados por el cierre de líneas de crédito de sus bancos en el exterior. Ya se realizó el desembolso de un tramo de 35 millones de dólares y en los próximos meses se harán otros, de acuerdo con el comportamiento de la demanda.
Por otra parte, con el fin de aumentar el número de créditos garantizados, en especial para las mipymes, se está capitalizando el Fondo Nacional de Garantías en 65 mil millones de pesos. Con ese aumento patrimonial, se espera garantizar créditos por un monto cercano a los 600 mil millones de pesos.
Con estas medidas y el plan de inversiones en infraestructura, se espera aguantar el chaparrón de la difícil coyuntura y retomar la senda de mayores tasas de crecimiento en el menor tiempo posible.
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