Hasta hace unos años, se trataba de un documento secreto. Pero por cuenta de la transparencia que ha soplado como un viento fresco por los despachos de diferentes entidades, el informe anual que hace el Fondo Monetario Internacional sobre la economía colombiana es de carácter público. Sin ser un estudio a fondo de la situación, el escrito dado a conocer ayer entrega algunas luces sobre un futuro que se ve complejo, a la luz de la fuerte turbulencia internacional.
Y es que para comenzar, el FMI pronostica que el crecimiento del país en el 2009 va a ser de apenas 2 por ciento, un nivel que contrasta con las buenas cifras de hace poco y que deja en claro que los tiempos del auge quedaron atrás. Quizás la única noticia alentadora es que la inflación descendería hasta un 4,8 por ciento al final del año, un respiro importante después del descalabro reciente en ese terreno.
Pero quizás más fundamental, por lo menos en el corto plazo, es constatar que el sistema financiero nacional sigue operando normalmente y que los canales del crédito se mantienen abiertos. A pesar del ligero deterioro en la calidad de los préstamos de consumo, pues los índices de mora repuntaron un poco en el 2008, las diversas mediciones muestran que no solo hay un buen nivel de provisiones contables, sino que en general el sector es rentable. Como si eso no fuera suficiente, ha habido preocupación de las autoridades para garantizar que haya liquidez e incluso aumentarla, en caso de que los mercados financieros globales empiecen a sufrir de sequía.
Dicho lo anterior, el Fondo sostiene que no estaría de más fortalecer los mecanismos de protección a los usuarios, tales como el seguro de depósitos que garantiza la devolución del dinero depositado en las cuentas de menor cuantía. Para la entidad, los procedimientos para devolver los fondos en caso de eventuales problemas, deberían ser mejorados. También suena aconsejable eliminar el deducible que hoy existe e incluso aumentar los topes de cobertura. En un contexto más amplio, el FMI hizo votos porque haya una reforma financiera pronto y que sea incluso más ambiciosa que la que hizo tránsito en la legislatura pasada en el Congreso y cuya suerte está en veremos, por cuenta de las realidades políticas del país.
A la hora de mirar los riesgos, el Fondo Monetario dejó en claro que la principal fuente de preocupación son las cuentas externas. De un lado, el país tiene un saldo en rojo en su intercambio de bienes y servicios con el resto del mundo que parece manejable, pero que depende del precio de los productos básicos, de la estabilidad de la economía venezolana y de la marcha de la inversión extranjera.
Dicho de otra manera, si el petróleo, el carbón y el níquel bajan todavía más de precio, ese factor puede convertirse en un dolor de cabeza importante. Pero este pasaría a la categoría de jaqueca si hay problemas al otro lado de la frontera, pues el mercado vecino es el destino de una sexta parte de las exportaciones nacionales. Además, lo sucedido en otras crisis muestra que los flujos de dinero hacia las economías emergentes disminuyen y nada hace pensar que Colombia estaría exenta de esa norma.
No obstante tales peligros, el FMI aceptó que algo de relajamiento en las metas fiscales era conveniente, bajo el entendido de que las metas de mediano y largo plazo se mantienen y que la intención es buscar que el peso de la deuda pública en la economía siga disminuyendo. Esa relativa flexibilidad constituye un cambio importante para un organismo que antes había preferido la línea dura, pero que ahora reconoce que el Estado tiene que sacar la chequera y girar para impulsar la demanda, sobre todo cuando las economías más ricas han perdido toda cautela al respecto.
Así las cosas, el tono general del informe es que con un poco de suerte el país puede superar el actual chaparrón económico, sin salir contagiado de pulmonía. Para hacerlo, necesita una dosis adecuada de suerte, pero también de seguimiento a las principales variables para tomar correctivos, sobre todo si las nubes de tormenta que hoy se ciernen sobre el planeta se vuelven todavía más oscuras.
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