No es fácil el trabajo que tiene por delante el nuevo secretario del Tesoro de Estados Unidos, Timothy Geithner, quien por fin pudo tomar posesión de su cargo a comienzos de esta semana. Si bien nadie dudaba que era urgente que el funcionario llegara pronto a su despacho, un par de errores en sus liquidaciones de impuestos hechas hace unos años casi dan al traste con su aspiración. Sin embargo, el pago de una multa, mezclada con echarle la culpa al programa de contabilidad utilizado y con una declaración contrita para no volverlo a hacer, le permitieron llegar al que es por hoy el cargo más importante en Norteamérica, después del de Barack Obama.
Y es que Geithner tiene a su cargo nada menos que el programa de recuperación de la economía estadounidense. Si bien fue Henry Paulson, su antecesor en el Gobierno de George W. Bush, quien logró convencer al Congreso de autorizar sumas descomunales para rescatar a bancos y otras entidades, no hay duda de que este economista, descrito como uno de los jóvenes más brillantes de su generación, sabe del tema que a todos preocupa.
La razón es que Geithner tenía a su cargo la seccional del Banco de la Reserva Federal en Nueva York y por cuenta de esa posición fue testigo de primera línea de todos los eventos que terminaron en la actual debacle financiera. Además, trabajó de la mano con Ben Bernanke, quien como número uno de la mencionada entidad, fue mucho más allá de lo que dictaban los cánones de la ortodoxia e inyectó miles de millones de dólares para evitar la quiebra de los más importantes bancos.
Debido a ello, no es necesaria la inducción en un cargo que necesita no solo un experto, sino una especie de mago para encontrar la fórmula de la reactivación. Ahora falta ver si Timothy Geithner es la persona que todos los mercados estaban esperando para que los salve del abismo.
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