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Miercoles 22 de Octubre de 2014

Diversidad cultural y étnica de Colombia reconocida por Constitución de 1991 es principal valor del país

El diálogo intercultural permite el entendimiento de las diversas posiciones e intereses de las comunidades a partir de la tolerancia hacia formas distintas de pensar y actuar lo cual es básico para superar el conflicto.

A su vez, la diversidad se refleja en producciones simbólicas-culturales que contribuyen a generar mayor cohesión, inclusión social y promoción de valores éticos en la sociedad colombiana.

Para lograr estos objetivos es imperioso fortalecer la gestión cultural a partir del entendimiento de los retos y desafíos que la naturaleza particular de la propia cultura conlleva.

La cultura se refiere a los modos de vida de la gente que se expresan a través de procesos creativos, y donde la gente y los distintos grupos sociales desempeñan un papel primordial en su creación y divulgación. Esta visión complementa la definición tradicional de la creación artística y desarrollo de las artes.

Son varios retos los que se enfrentan: en primer lugar su fortalecimiento debe darse en una perspectiva global-local en la cual se enfatice el rol de las industrias culturales en el desarrollo local y regional a través del desarrollo de clusters culturales.

En segundo lugar, se requiere entender que en el proceso creativo están inmersos y participan múltiples actores que tiene visiones distintas del mundo, a veces contradictorias, como por ejemplo, los artistas, los productores, los críticos que forman el público y los administradores.

La motivación principal para el artista no es necesariamente la monetaria y para él los valores estéticos son los que priman. En tercer lugar, se requiere contar con la consolidación de públicos entendidos e interesados y entender que el público hace una valoración casi instantánea sobre el valor de la obra a pesar que la creación para el artista ha tomado un ciclo muy largo de trabajo.

El artista generará reputación con el público manteniéndose fiel con sus principios lo cual florecerá económicamente en el largo plazo. Finalmente, las organizaciones de los artistas son casi siempre informales y su inicio comienza con un momento de inspiración que no le es dado a todos.

Por lo mismo en un emprendimiento cultural se toman altos riesgos a partir de la valoración de habilidades y conocimientos que le son tácitos al artista.

La cadena de valor

La cadena de valor cultural termina con las organizaciones que exponen las creaciones al público que tienen otros intereses. Estas diferencias en roles, funciones e interdependencias entre los actores de la gestión cultural sugieren que sean las redes la forma organizacional que mejor pueden resolver estos retos.

Trabajar en redes cooperativas, flexibles y creativas es un reto para la gestión cultural lo cual requiere mucho diálogo y capacitación.

El Ministerio de Cultura puede propiciar estos espacios de diálogo y capacitación de forma que la gestión cultural adquiera la importancia social y económica que corresponda con el país diverso que es Colombia.

* Profesor Asociado de la Facultad de Administración de la U. de los Andes

Publicación
portafolio.co
Sección
Otros
Fecha de publicación
28 de enero de 2009
Autor
Eduardo Wills * / Especial para PORTAFOLIO

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