En caso de que hubiera alguna duda sobre la fortaleza y la cohesión del Partido Demócrata en el Congreso de los Estados Unidos, esta quedó despejada del todo. Ese fue, por lo menos, el mensaje del voto que tuvo lugar ayer en la Cámara de Representantes en Washington, cuando el paquete de ayuda económica, presentado por el presidente Barack Obama, fue aprobado en un tiempo récord. Si bien todavía falta que la iniciativa pase por el Senado la próxima semana, todo indica que no habrá mayores problemas, pues en éste los demócratas también mandan.
El único lío es que el actual inquilino de la Casa Blanca quería una decisión que apoyaran ambos partidos, pero eso no fue así. De tal manera, el paquete valorado en 819.000 millones de dólares está cerca de convertirse en ley, pero sin votos republicanos.
Ese detalle político probablemente no le importe a los millones de estadounidenses que anhelan que esta estrategia sí tenga éxito. Y es que después de lo ensayado en el 2008, cuando una rebaja de impuestos y un plan de apoyo al sector financiero no lograron destrabar la situación, hay cierto nivel de escepticismo en torno a una posible 'fórmula milagrosa'.
En este caso, la receta incluye una mezcla de rebajas de impuestos y programas de gasto, concentrados en infraestructura y educación. La idea es lograr que el consumo de las familias aumente o que quienes estén en problemas mejoren su situación financiera. También se trata de evitar la pérdida de más empleos, tanto en el sector de servicios como en el industrial.
Pero más allá de los detalles, la intención es demostrar que la nueva administración reacciona rápido y que está dispuesta a salvar la economía norteamericana, cueste lo que cueste.
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