Totalmente frenada. Palabras más, palabras menos, esa es la problemática situación en la que se encuentra la economía mundial, según el más reciente pronóstico hecho por el Fondo Monetario Internacional, dado a conocer el día de ayer. De acuerdo con la entidad con sede en Washington, el crecimiento de la producción en el planeta será de apenas 0,5 por ciento en el 2009, la peor tasa en más de seis décadas. Muy atrás parece haber quedado el 2007, cuando dicho indicador llegó al 5,2 por ciento y la prosperidad campeaba en todos los continentes. Incluso el cálculo hecho en noviembre pasado por el FMI, de 2,2 por ciento de incremento, parece hoy de un optimismo irreal.
Pero como consecuencia de la crisis que empezó hace año y medio en el mercado de la finca raíz en Estados Unidos, que con el tiempo se transmitió al sector financiero y después al real, las cosas son a otro precio. Ahora la discusión no es si hay o no recesión en el mundo, sino cómo hacer para que las duras circunstancias actuales se prolonguen lo menos posible. Si algo ha sorprendido a los analistas en esta ocasión es que la velocidad del deterioro supera cualquier predicción, con lo cual todavía no se ve la luz al final de un túnel del cual solo se sabe que es largo y oscuro.
Encontrar una salida, por compleja que sea, es la principal prioridad. La razón fundamental es que no hay Estado o región que haya resultado indemne a la destorcida. La peor parte, sin duda, la llevan las naciones más ricas, en donde comenzó todo. Según el Fondo, las economías industrializadas importantes van a registrar cifras negativas en estos meses, comenzando por la estadounidense con una caída de 1,6 por ciento, seguida por la británica con -2,8 por ciento, las naciones integrantes de la Zona Euro con -2 por ciento y Japón con -2,6 por ciento. No obstante, las economías emergentes irán mucho más lento, con un aumento del 3,3 por ciento en su PIB, 5 puntos porcentuales por debajo del registrado hace un par de años.
En este último grupo el caso más destacable es el de China, con 6,7 por ciento, un nivel muy inferior al promedio de la última década. Tampoco le irá bien a India, con 5 por ciento, aunque esos casos le generen envidia a Latinoamérica cuya tasa de crecimiento económico llegaría apenas a 1,1 por ciento, pues ni a Brasil ni a México les va a ir bien. En algunos casos, la explicación de las peores perspectivas tiene que ver con la descolgada en los precios de las materias primas. En otros, está relacionada con la contracción prevista en el comercio exterior que también golpea a las manufacturas. En todas partes está prevista, además, una menor demanda, pues la incertidumbre afecta por igual a consumidores y empresas.
Sin embargo, para el FMI lo más urgente es devolverle la dinámica a los mercados de crédito. Y es que a pesar de los descomunales paquetes de ayuda, los bancos tienen semicerrada la ventanilla de prestar dinero, con lo cual el lubricante que ayuda a que el sector productivo se mueva, no está operando. Debido a esa situación, medidas como las de disminuir en forma agresiva las tasas de interés han tenido un efecto de alivio muy limitado.
Así las cosas, el desafío de banqueros centrales y ministros de Hacienda de las principales economías es lograr mover esos engranajes de nuevo, pues es allí en donde se encuentra el problema. Ese es el motivo por el cual ha ganado terreno la idea de crear una entidad que recibiría las deudas malas, tal como lo hizo México a mediados de la década pasada, con el objetivo de limpiar los balances de las diferentes entidades. Solo con un esquema audaz de ese estilo, afirma el Fondo, sería posible hacer una especie de borrón y cuenta nueva y limitar pérdidas que el organismo ya calcula en 2,4 billones de dólares (trillion, en inglés). De hecho, todo indica que la administración de Barack Obama está dispuesta a ensayar ese mecanismo.
Tanto para los que tienen líos con su sector financiero, como para los que no, el FMI acepta que los estímulos fiscales son importantes, pero que deben pasar de los anuncios a los hechos. Sin decirlo explícitamente, el mensaje que envía la entidad es que ahora hay que crecer hacia adentro, porque hacerlo hacia fuera no es una opción, por lo menos durante un tiempo.
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